Felipe 3

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Felipe IV 

¿Cómo fue Felipe IV? 
Creo que se le puede describir con cuatro palabras. Era abúlico, poeta, devoto y mujeriego. Abúlico como persona y como gobernante. 
Cuando cayó Olivares quiso encargarse personalmente de los asuntos del reino, pero pronto los abandonó en manos del nuevo valido. Se cansaba de ellos y nose veía con ánimos para ejercer de rey. Poeta lo fue, ya que, según se dijo, eran suyas varias composiciones firmadas con el seudónimo de "Un ingenio de esta corte", y si no se dedicó de lleno a la poesía sí era amante de ella y protegió a su manera a poetas y dramaturgos, haciendo representar sus obras en el teatro de su Real Alcázar y organizando justas poéticas y recitales en los salones delmismo. Devoto lo era como hombre de su tiempo. Preocupado por sus pecados y su conducta disoluta, buscaba el apoyo de la religión con ánimo, pronto desaparecido, de corregir sus vicios. Buena prueba de ello la tenemos en su correspondencia con sor María de Agreda. Mujeriego lo fue en grado sumo, no pudiéndose contar sus múltiples escarceos eróticos con mujeres nobles y otras de baja estofa. Se lereconocen cuarenta y tres hijos, trece de ellos legítimos y treinta bastardos, y podemos imaginar la posibilidad de que haya muchos más que no se conocen. 
Refiere Deleito y Piñuela, a cuyas obras se debe recurrir inevitablemente cuando se habla de Felipe IV, que es innegable que el rey era una voluntad enferma, incapaz de continuidad en la acción y un gozador sin tasa de cuantos placeres ponían asu alcance la vida y la realeza. 
Un escritor, que Deleito no revela, ha marcado con notable exactitud la distancia que separa a los cinco soberanos de la Casa de Austria española: "Carlos I fue guerrero y rey, Felipe II sólo rey, Felipe III y Felipe IV hombres nada más, y Carlos II ni hombre siquiera". 
La degeneración es notoria. El maravilloso pincel de Velázquez nos lo demuestra en susretratos. Felipe IV muestra en ellos su expresión de linfática indolencia. Rubio de cabello, sigue Deleito, pálida la tez, caído el labio inferior y el mentón saliente, mortecina la mirada de sus ojos azules, marchito el rostro, lánguido el gesto, cansado el ademán como bajo el peso de una carga superior a sus fuerzas, fatiga física de hombre gastado precozmente en los placeres, fatiga moral de quienno puede con la pesadumbre de tan vasta monarquía ni aun teniendo la ayuda de brazos más robustos que los suyos, fatiga hereditaria de vástago real sobre el que gravita la ciclópea labor acumulada por antepasados más vigorosos. 
Aun bajo la pose teatral de un retrato ecuestre con bélicos atavíos, Velázquez pudo dar al conde—duque de Olivares una imponente y marcial prestancia, pero no logró que elexangüe soberano disimulase la endeblez de su naturaleza. 
Pero sería injusto negar al cuarto Felipe muy estimables cualidades personales: poseía inteligencia despejada y claro juicio, no era muy versado en estudios, pero sí inclinado a las letras, entusiasta de los versos, las comedias y las artes, amigo y protector de poetas y artistas. 
Era también buen cazador y aficionado a torneos,cacerías y juegos de cañas, y es curioso imaginar cómo compaginaba estos gustos con su porte soberano, pues todos los viajeros extranjeros que le vieron afirman el envaramiento con que los recibía. De pie o sentado, sin mover un músculo de su cara, como una estatua, recibía a los cortesanos, embajadores, presidía consejos, daba audiencias, asistía a representaciones teatrales, siempre impávido, sin hacerun gesto, como un real muñeco o muñeco real. ¿Cómo se avenía este porte en las chocarrerías que eran frecuentes en la vida palaciega? Recuérdese la presencia de bufones en la corte. ¿Cómo se combinaba esta pose con sus múltiples escarceos amorosos? No creo que se pueda estar impasible en las batallas de amor sobre campos de plumas, como dijo el poeta. 
Vestía sencillamente, era afable y, como...
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