Filosofía de la educación

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  • Publicado : 29 de septiembre de 2010
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1.- LA REVELACION DEL ORDEN NATURAL EN LOS NIÑOS Y SUS OBSTÁCULOS

Hace unos cuarenta años en un grupo de niños de cuatro años se manifestó un fenómeno inesperado que maravilló a todos. Este fenómeno fue llamado “la explosión de la escritura”. Algunos niños comenzaron espontáneamente a escribir; esto se propagó rápidamente a un gran número de ellos. Fue una verdadera explosión de actividad y ala vez de entusiasmo. Aquellos pequeños llevaban, como en una especie de procesión triunfal, el alfabeto, dando gritos de alegría. Eran infatigables escribiendo: cubrían los suelos, las paredes con su escritura irrefrenable. Sus progresos fueron fantásticos, milagrosos. E inmediatamente después ellos, por si solos, aprendieron a leer diversas escrituras, cursiva e impresa, en letras minúsculas ymayúsculas, e incluso escrituras especiales, artísticas y góticas.
La escritura milagrosa no se atribuyó a un hecho psíquico, sino a un “método de educación”. Escritura y naturaleza no se podían juntar. La escritura es, en general, la consecuencia de una paciente e ingrata preparación en las escuelas, es un recuerdo de esfuerzos áridos y de fatigas soportadas, de castigos impuestos, de tormentos,para todo el que no sea un analfabeto. Y tenía que ser un método verdaderamente maravilloso aquel que había conseguido unos resultados tan brillantes, en una edad precoz.
Los niños pequeños que escribían incansablemente eran una realidad que centenares y millares de personas podían constatar. Muchas personas tuvieron que convencerse de que las letras del alfabeto estaban allí, aisladas, sin más,y que ningún maestro se esforzaba por enseñar a escribir: los niños hacían estos progresos por sí solos.
Un descubrimiento, para ser tal, tiene que contener alguna cosa nueva. Y la cosa nueva es una puerta abierta para quien tiene la valentía de atravesarla: una puerta por la que se tiene acceso a campos todavía no explorados; por tanto una puerta fantástica, maravillosa, que debería herir laimaginación. Y son verdaderamente, los hombres de cultura superior los que deberían convertirse lógicamente en exploradores de estos campos.
Sobre los niños existen demasiados prejuicios acumulados y desanimados intereses prácticos: quiero decir sobre todo el interés por evitar a los niños los “esfuerzos mentales” y los “precoces trabajos intelectuales”. Los niños son para todos unos seres vacíos alos que les conviene solamente jugar, dormir y distraerse con cuentos fantásticos; un trabajo mental serio en los niños tan tiernos parece un sacrilegio. Y sobre todo después de las insistentes publicaciones de la señora Bühler, esposa del conocido psicólogo de Viena, autorizada erudita ella también en psicología experimental. La señora Bühler llegó a la conclusión de que las facultades mentalesde los niños, antes de los cinco años, son absolutamente negativas para toda forma de cultura. Y así se echó, en nombre de la ciencia, una especie de losa sepulcral sobre nuestros experimentos.
A partir de entonces las críticas se sucedieron vertiginosamente; se dijo en primer lugar que no había que “sacrificar la vida mental de los niños pequeños, para obtener resultados inútiles”, porque unpoco más tarde, después de los seis años de edad, todos pueden aprender a leer y escribir, y ya se sabe con cuanto esfuerzo y sacrificio.
Luego fueron las maestras de las clases elementales las que intentaron el experimento con el alfabeto, pero no lograron provocar ningún entusiasmo, ninguna “explosión”. Solamente las escuelas comunales no tuvieron, en cuenta un método más libre de estudiar y dedar ocupaciones individuales y objetivas.
El “milagro” fue oficialmente olvidado. No llegó a interesar a la psicología moderna. Me quedó a mí el trabajo de indagar los secretos de la psicología infantil manifestados en este experimento, porque nadie mejor que yo podía “aislar” aquellos hechos reales de los influjos educativos que podían haberlos provocado. Era evidente para mí que “alguna...
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