Francis bacon - novum organum

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NOVUM ORGANUM

Aforismos sobre la interpretación de la naturaleza y el reino del hombre
Autor: Francis Bacon

PREFACIO DEL AUTOR
I. Aquellos que se han atrevido a hablar dogmáticamente de la naturaleza como de un sujeto explorado, sea que les haya inspirado esta audacia su espíritu excesivamente
confiado o su vanidad y el hábito de hablar magistralmente, hanocasionado un perjuicio muy grande a la filosofía y a las ciencias. Mandando la fe con autoridad, supieron, con cipadamente el genio de los otros. Los que siguieron el camino opuesto y afirmaron que el hombre absolutamente nada puede saber, ya sea que hayan admitido esta opinión en odio a los antiguos sofistas, ya en consecuencia de las incertidumbres de su espíritu, o bien en virtud de algunadoctrina, han presentado en apoyo de su opinión, razones que no eran en modo alguno despreciables; pero, sin embargo, no las habían tomado de las verdaderas fuentes, y arrastrados por su celo y cierta especie de afectación, cayeron en una exageración completa. Pero los primeros filósofos griegos (cuyos escritos han pere-

no menos poderío, oponerse e impedir toda investigación, y por sus talentosmás comprometieron la causa que prestaron servicio a la verdad, ahogando y corrompiendo anti-

cido) se mantuvieron prudentemente entre la arrogancia del dogmatismo y la desesperación de la catalepsia, y extendiéndose frecuentemente en amargas quejas sobre las dificultades de las investigaciones y la oscuridad de las cosas, y como tascando su freno, no por ello dejaron de proseguir su empresa,ni renunciaron tampoco al comercio que con la naturaleza habían establecido. Pensaban sin duda que para saber si el hombre puede llegar o no a conocer la verdad, es más razonable hacer la prueba que discutir acerca de

ello; y, sin embargo, estos mismos, abandonándose a los movimientos de su pensamiento, no se impusieron regla alguna y lo basaron todo sobre la profundidad de sus

meditaciones,la agitación y las evoluciones de su espíritu.

II. En cuanto a nuestro método, es tan fácil de indicar como difícil de practicar.
Consiste en establecer distintos grados de certeza; en socorrer los sentidos limitándolos;

en proscribir las más de las veces el trabajo del pensamiento que sigue la experiencia sensible; en fin, en abrir y garantir al espíritu un camino nuevo y cierto, que tengasu

punto de partida en esta experiencia misma. Sin duda alguna estas ideas habían impresionado a los que tan importante papel hicieron representar a la dialéctica; probaban por ello que buscaban ayuda para la inteligencia y que desconfiaban del movimiento natural y espontáneo del pensamiento. Pero es ése un remedio tardío a un mal desesperado, cuando el espíritu ha sido corrompido por los usosde la vida común, la conversación de los hombres y las doctrinas falsas y sitiado por los ídolos más quiméricos.

He aquí por qué el arte de la dialéctica, aportando —como hemos dicho— un tardío
socorro a la inteligencia, sin mejorar su estado, más sirvió para crear nuevos errores que

para descubrir la verdad. El solo camino de salvación que nos queda es volver a comenzar enteramente todoel trabajo de la inteligencia; impedir desde el principio que el espí-

ritu quede abandonado a sí mismo, regularle perpetuamente, y realizar, en fin, como con máquina, toda la obra del conocimiento. Ciertamente que si los hombres hubiesen aplicado a los trabajos mecánicos el solo esfuerzo de sus brazos, sin utilizar la ayuda y la fuerza de los instrumentos, así como no temen abordar las obrasdel espíritu casi con las formar, sería infinitamente reducido, aun cuando hubiesen reunido y desplegado los mayores esfuerzos. Detengámonos en esta consideración, y como en un espejo, fijemos

solas fuerzas de su inteligencia, el número de cosas que hubieran podido mover o transla vista en este ejemplo: supongamos que se trate de transportar un obelisco de imponente magnitud para el adorno de...
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