Historia y memoria entre dos siglos. o el oficio del amauta bajo fuego.

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  • Publicado : 18 de julio de 2010
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Historia y memoria entre dos siglos. O el oficio del Amauta bajo fuego.

Pedro Rosas A.(*)
Ciencia y existencia... "sobre el suelo y bajo las estrellas".

El historiador se ha venido transformando, especialmente con posterioridad al golpe de Estado de 1973 por sus múltiples implicancias para la disciplina, pero también antes, en una especie de "ecólogo" capaz de mirar planos diversos ybifurcados para, más allá del árbol, poder ver el bosque y la vida que alberga en su espesura. Me interesa pensar y dialogar en perspectiva de larga duración este proceso, señalar presencias, preeminencias y silencios aún latentes en la historiografía del movimiento social popular.

En lugar de la historia social del pueblo según Gabriel Salazar, se ha enfatizado largamente la historia de susenemigos estructurales, en vez de sus relaciones económicas, sociales culturales y políticas internas, se retrató "el nudo gordiano de los monopolios" y a cambio del tejido solidario que cobija su potencial histórico se describió "el paisaje amurallado de la clase dominante"(1).

Aunque es más saludable y fértil evitar las "desconstrucciones" rápidas, ello no obsta dar cuenta crítica de procesos deindentificación mecánica, conceptuales e históricos; entre pueblo, clase y movimiento obrero y de éste, con ciertos partidos y organizaciones; además de una marcada interpretación ideológica dogmática y lineal del proceso histórico. Intento ir más allá de emitir juicios demoledores y de "éxito" asegurado sobre la historiografía tradicional de las elites o posmodernos arrebatos, contra elmetarelato de las centralidades estructuralistas de la historiografía marxista chilena -o más ampliamente- de sensibilidad social; que ha buscado identificar y definir con rigor y urgencia un sujeto histórico del cambio.

La experiencia desde el mundo popular muestra que no sólo nos acosa el espectro del limbo ideográfico e historiográfico dominante, pues los marginales tenemos también nuestros limbos yfantasmas, de los cuales damos siempre cuenta y nos visitan periódicamente en costosas y sangrientas pesadillas: empirismo y desacumulación paradojal de la experiencia, profetismo y sacrificio, delegación lateral de soberanía, ruptura entre la historicidad y la historización y entre la intervención política y la construcción estructural y formal de poder. En síntesis, dificultad para transformarla hermenéutica y la facticidad popular en una epistemología discursivamente transmisible. Cada historia, como vivencia y relato, es hija de su tiempo y, en ella, cierta racionalidad instrumental regida por fines y necesidades legítimas, ha fijado límites y fronteras a la historiografía, estableciendo la ausencia y presencia de la subjetividad y proyectos populares. La historia transita el desafíode develar y superar aquello.

Evidentemente, el movimiento social popular y su estudio, no se restringen hoy exclusivamente al proletariado o al movimiento obrero, nítidamente estructurado y del cual se pensó tenía que brotar a caudales, la no menos perfecta conciencia revolucionaria. En un plano aparentemente paralelo, en la dimensión del cuerpo y lejos de la racionalidad progresista, se hizovisible un vasto mundo social que con su resistencia, autonomía existenciaria, productiva material y cultural, inventó espacios de trabajo, alegría y vida propios. Lugares todos, expuestos al ojo y la palabra popular, a la conspiración, la sensualidad o la violencia; lugares de autoconstrucción de significados, humanizados por la existencia y luego arrebatados y criminalizados. Dando vida así auna topología de la supervivencia en la autosubsistencia material y simbólica del espacio público popular; Bajo esas formas y existencias ya bicentenarias, tienen fundamento histórico y comprensibilidad la (hoy de moda) emergencia popular de los 60, el fuego rebelde de los 80, el "ni ahí" de los 90 y la asonada infantil y juvenil de las incursiones nocturnas de los 30 años, y de cada...
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