Huellas pedagógicas

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  • Publicado : 26 de agosto de 2012
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HUELLAS…
Para hablar de mis recuerdos debo comenzar por mi mamá. Fue ella la primera maestra, la que me enseñó el buen hablar, el buen comportamiento y el amor hacia la escuela. Ella, quien al sentarme en sus rodillas despertó en mi el gusto por la poesía mientras me recitaba versos tan sencillos como: “Manecita rosadita…” ¿Tenía tres o cuatro años? Ella dice que tengo una mente prodigiosa, puescontaba con unos años menos.
El contacto inicial con las letras fue en mi primer grado. Mi maestra tenía por nombre “Teresita”. El recuerdo más agradable de aquel tiempo viene a mi mente cuando, en sus clases, con paciencia y dedicación, se tomaba tiempo para que sus pequeños alumnos aprendieran a tomar el lápiz y a hacer los primeros trazos de tímidas letras que se dejaban dibujar.
Y quédecir de las rondas y canciones que nos hacía repetir para que las entonáramos en fechas especiales de celebración: día de las madres, día del profesor, día del niño, en fin…
Salí de mi escuela primaria con el recuerdo imborrable de mi dulce maestra de primero “A”. No así los demás años. Maestras obligantes, que con rigurosa disciplina pretendían la atención de todas. Lecciones repetidas una yotra vez, eran acompañadas de gestos y miradas insinuantes para quienes no las recitaran de la misma forma como estaban escritas en los cuadernos.
Pero todo, como el mal tiempo, pasó. El ingreso a una nueva escuela, profesoras y compañeras nuevas por descubrir, fueron el refrescante aire para agazapar las tensiones y los miedos del pasado. Al proceder de otra ciudad, mis hermanas y yo nosconvertimos en el centro de todas las miradas, pero para nosotras, la forma de hablar, las costumbres y el entorno, de la que sería nuestra estancia hasta hoy, cobraba una gran admiración. La chispa de la gente, la alegría espontánea, el colorido, todo… Era como abrir una nueva ventana y alcanzar a ver el mundo de otro color.
La nueva escuela, al comando de una monja, de quien teníamos la fortuna de serpaisanas, nos acogió de inmediato. No hubo examen, ni entrevista ¡Las ventajas de tener aliados!
Primer día de clases. Después de la oración en comunidad, debíamos dirigirnos al que sería ,por algunos meses ,el sitio testigo de nuevas experiencias. A la entrada, erguidas y amables nos esperaban las maestras. ¡Qué maravilloso regalo tendría al conocer a quien conquistó mi respeto y admiración!Alegre, divertida. Tal era su prodigio, a pesar de su invalidez, que después de luchar contra las matemáticas algo comenzaba a gustarme de ellas.
El rigor que la caracterizaba contrastaba con la afabilidad de su conversación. Se preocupaba por todas, que hasta llegó a convertirse en algo así como la cómplice de las travesuras, sin dejar a un lado su papel de maestra que orientaba y guiaba. Lahermana Ofelia, ¿recuerdan? ¿La paisana? No alcanzó a enterarse nunca de las diabluras que en ocasiones se les ocurría a las nuevas alumnas de La Anexa Santa Teresita: sus paisanas.
El paso al bachillerato trajo consigo varios cambios. Los ambientes, los profesores, casi todo renovado. Atrás quedaban muchas de estas cosas, pero llegaban otras, como el tener derecho a ser llamadas herederas de SantaTeresita. Así, las hermanitas se convirtieron en factor importante para terminar de moldear mi personalidad.
La quietud de los espacios en el colegio se veía interrumpida durante la semana con las estampidas propias de niñas y jóvenes. La paz y la tranquilidad de aquel claustro me embelesaban: la capilla, los corredores, los jardines, todo bellamente cuidado invitaban a la oración.
Había algoparticular en los docentes, ellos se mezclaban con las cualidades del lugar. Apacible y tranquilos comenzaban la rutina diaria guiados bajo la mirada de monjas a cargo de la dirección y la coordinación. Sólo uno de ellos logró que el temor hacia la escuela apareciera de nuevo: el profesor de matemáticas. Humillante, déspota y de mal carácter. El temor hacia él frustró durante algún tiempo, mis...
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