Información sobre el texto "¿sátira o cinismo?"

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¿Sátira o cinismo?
Carolina Sanín
¿Qué pretenden las columnas de Daniel Samper Ospina?
A un lector escrupuloso podría resultarle inquietante que un hombre que se hubiera distinguido por su carrera como pornógrafo light apareciera, de repente, como voz de la opinión pública. Ese lector encontraría una contradicción en el hecho de que alguien dedicado a fomentar la explotación del cuerpofemenino (explotación que es estandarte de la traquetización en Colombia) escribiera semanalmente una columna en la que pretendiera sensibilizar a los lectores sobre las conductas irracionales de la sociedad nacional.

Pero en Colombia es raro encontrar lectores escrupulosos, y es usual, en cambio, ejercer actividades aparentemente incompatibles (para la muestra, los legisladores delincuentes). Poreso, a nadie parece sorprenderle que Daniel Samper Ospina, director de la revista SoHo (“Sólo para Hombres”), funja ahora también de columnista de opinión en Semana, una de las revistas más influyentes del país.
 
Samper podría decir que no ve contradicción; que con sus textos no pretende sensibilizar a nadie, ni ser la voz de la opinión pública, ni denunciar nada: sólo reírse. De hecho, si lodijera, la mayoría de sus columnas lo corroborarían: en vez de crítica, hay en ellas vagos insultos, algunos dirigidos a nuestros impresentables gobernantes y otros a la oposición política, a la izquierda en su totalidad, a las mujeres que no se depilan, a los pobres, a la gente mal vestida, a los feos y a cualquiera que venga a mano para un chiste fácil.
 
Pero si Samper no quiere poner a suslectores a pensar, si no quiere denunciar nada, si solo quiere hacer chistes chocantes, ¿entonces para qué escribe una columna de opinión? Quizás aspire a lucirse creyendo que transgrede con su iconoclasia moderada las mores de una sociedad parroquial.
 
En una entrevista publicada por El Tiempo, nuestro enfant terrible afirma que, siendo estudiante en el Gimnasio Moderno, se sintió “autorizado adisentir, a imprecar, a protestar, a increpar”. No sé muy bien en dónde ejerza tal vocación infantil. Me parece que sus columnas, en las que suele dejar en claro su posición social y menciona, sin que venga a cuento, a su papá, a su tía y a su esposa, son inequívocamente convencionales.
 
Tampoco me suena que en el Gimnasio Moderno, reputado colegio “Sólo para Hombres”, Samper haya aprendido adisentir. Creo, eso sí, que aprendió el humor que todavía usa: un humor flojo, de buena cepa bogotana, que no es distinto del que se lee en El Aguilucho o en cualquier otra publicación estudiantil de un plantel de élite: el humor del montador del curso que cuenta con que sus amigotes se reirán socarronamente de cualquier donaire que se le ocurra.
 
Para ser satírico, y no meramente un cínico, Sampertendría que dejar de usar el mismo criterio patriarcal, el mismo tono irrespetuoso, el mismo mal gusto y la misma superficialidad de la sociedad a la que quiere imprecar. Para ir más allá de la ridiculización, y hacer humor, tendría que dejar de alardear de su ignorancia (“el único yogui que me parece serio es el oso yogui”); tendría que dejar de recurrir al adjetivo “mamerto” para condenar aquien cometa la pesadez de tener conciencia social; tendría que entender que no es grotesco el “tapón mucoso” que sale del vientre de las mujeres al dar a luz, y que el juego de palabras “hoy hasta las toallas higiénicas tienen canales” no vale ni el papel en que está escrito; tendría que saber que al confundir en broma a María Isabel Urrutia, la campeona olímpica negra, con Paula Marcela Moreno, laministra negra, lo único que está diciendo es que una negra es igual a otra. Y eso no es chistoso.
 
Pero, sobre todo, el columnista tendría que darse cuenta de que el buen sentido del humor, incluso el más ácido, se sustenta en la compasión. En Colombia, un país violento, excluyente e intolerante, a veces hilarante y muy rara vez humorístico, es peligroso que la parodia no esté bien definida....
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