Iordanus

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IORDANUS

Angelina Muñiz- Huberman

 

Primero midió con la vista la altura del muro. Lentamente lo fue trepando, apoyando con cautela los pies en las piedras que sobresalían, estirando los brazos y afianzándose en las hendiduras. Su hombro derecho se raspaba contra las zarzas que habían crecido entre la roca. Sintió que una espina se le clavaba en el muslo. No querría que los otros vierangotas de su sangre. Pero su sangre resbalaría y penetraría en el fondo oscuro de la tierra. Algunos lo recordarían. Otros lo olvidarían. Llegó a la parte cimera del muro, donde el musgo suavizó su mano. Aún se detuvo un rato. Vaciló entre volver la vista atrás y contemplar lo que abandonaba para siempre, o negar con du desprecio una melancolía desmoronable. Eligió no mover la cabeza y, en cambio,deleitarse en el terreno franco que se le ofrecía. Descender era más fácil. Entonces quedaba el recurso de lanzarse, ya cerca del suelo.

   Inició su peregrinaje, caminando a buen paso con un hábito que ya no le pertenecía. Que había renegado de él. Por lo cual no sería perdonado y años después se le precipitaría en su desgracia última. El hábito dominico que vestía debía ser cambiado. Palpóbajo el ropaje la faltriquera con las moneda de oro que había podido reunir y que la haría menos punible su huida. Por lo demás, ni siquiera un mendrugo de pan llevaba o un resto de vianda, ni uno de sus preciados libros y mucho menos alguno de sus cuidados manuscritos. Su conocimiento lo había fiado al arte de su memoria y ya que arribara a tierras sosegadas podría, de nuevo, elaborar en orden supensamiento.

   Iordanus tuvo suerte por el camino. Lavó la herida del muslo en las aguas limpias de un riachuelo sombreado por chopos y vio cómo la sangre se coagulaba y la piel apuraba su orilla desgarrada. Recogió apresuradamente unas cuentas fresas silvestres que fue comiendo, una a una, mientras continuaba su camino y alargaba con ligereza la distancia del convento abandonado. Aún nohabrían notado su ausencia Ni siquiera podrían  imaginarlo. Creían en él y esperaban en él. Conocían bien su humor cambiante. Su prolongada melancolía y su súbita irascibilidad. Su intranquila bondad, sus abruptos silencios y su locuacidad prodigiosamente equilibrada. A veces, la palabra hiriente. Otras, la restañante. La cólera o el bálsamo. Lo echarían de menos en el primer rezo. Más aún en elrefectorio, donde empezarían  los primeros murmullos. Al principio, imperceptibles, poco a poco subiendo de tono, luego ya insoportables ¿Dónde está Iordanus? La búsqueda que comienza. El corazón en desaliento ¿Estará en la celda? ¿En el huerto? ¿En la biblioteca? ¿No habrá despertado? ¿Habrá enfermado? No está en ningún lado. Todos lo buscan. Lo llaman. No contesta.

   A Iordanus no le preocupa. Seríe de esa inútil búsqueda. Nada lo ata a los monjes. Es tan inmensamente libre. Ha cortado sus lazos sin el menor arrepentimiento. Si ha podido hacer esto qué no podrá hacer después. Conjurar la magia y abrazar la herejía. Apelar a los astros, a la antigua medicina y a las fórmulas egipciacas. A Hermes Trimegisto, a la cábala y al arte de la memoria. Todo un mundo de opuestos en movimiento que iráconformando en nuevos sistemas y en nuevas artmonías matemáticamente calculados.

   Tiene los caminos abiertos ante sí. De los tres poderes del alma, memoria, entendimiento y voluntad, es la voluntad la que, en este momento, en única y ejemplar demostración es la rectora de su destino. En este momento, fugacísimo, él la posee, para luego, en el final, desposeerla totalmente y ser arrastrado porla voluntad de sus enemigos. El juego de la voluntad será un alternativo subibaja que llevará en sí su libertad y su prisión. Iordanus adquirirá la transparencia asfixiante de la llama; su impredecible ascenso caprichoso.

   Pero eso será muchísimo después. Le quedan por delante años y años por estudiar y escribir, reflexionar y concluir. Abandonar la campiña italiana y pasearse por las...
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