Josue

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Los Hornos de Hitler
Olga Lengyel






































RECONOCIMIENTOS 3
DEDICATORIA 4
8 Caballos... o 96 Hombres, Mujeres y Niños 5
La Llegada 37
La Barraca 2.6 45
Las Primeras Impresiones 48
La Llamada a Lista y Las Selecciones 55
El Campamento 59
Una Proposición en Auschwitz 62
Soy Condenada a Muerte 62
LaEnfermería 62
Un Nuevo Motivo Para Vivir 62
"Canadá" 62
El Depósito de Cadáveres 62
El "Ángel de la Muerte" Contra el "Gran Seleccionador" 62
"Organización" 62
Nacimientos Malditos 62
Algunos Detalles de la Vida Detrás de las Alambradas 62
Los Métodos y su Insensatez 62
Nuestras Vidas Privadas 62
Las Bestias de Auschwitz 62
La Resistencia 62
"¡París ha sidoLiberado!" 62
Experimentos Científicos 62
Amor a la Sombra del Crematorio 62
En el Carro de la Muerte 62
En el Umbral de lo Desconocido 62
La Libertad 62
Todavía Tengo Fe 62
VOCABULARIO 62


RECONOCIMIENTOS


La autora agradece a Louis Zara su espléndida cooperación y sugestiones constructivas, así como la ayuda valiosísima que le prestaron Isidore Lipschutz, el ProfesorEmile Lengyel, de la Universidad de Nueva York, Charles Eube, Osear Ray.
Mi agradecimiento también a N. Adorjan, licenciado Paul Salmón, doctor Eric Legman, Mme. Steier, Ladislas Gara, Clifford Coch, Paul P. Weiss, al doctor Andrés M. Mateo por su gran ayuda y al señor José Luis Ramírez Jr. por su comprensión y valiosa cooperación.
Deseo expresar mi agradecimiento a los Editores franceses,americanos, ingleses y mexicanos, así como al personal bajo sus órdenes que con sus valiosas sugestiones han hecho posible la publicación de este libro en sus países respectivos.

DEDICATORIA


"Dedico este libro a la memoria de mis padres, de mi esposo e hijos, y a mis congéneres de todas las nacionalidades y credos; así como a la inocente población civil europea que sufrió la matanza de millonesde seres asesinados por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.
También dedico este libro a los héroes de guerra que ofrendaron su vida para evitar la consumación del sueño de los alemanes: Aniquilar a todas las naciones y crear un mundo habitado únicamente por alemanes, bajo la protección de Wotan[1] su terrible dios pagano.

CAPÍTULO I

8 Caballos... o 96 Hombres, Mujeres y Niños¡Mea culpa, fue por culpa mía, mea máxima culpa! No puedo acallar mi remordimiento por ser, en parte, responsable de la muerte de mis padres y de mis dos hijos. El mundo comprende que no tenía por qué saberlo, pero en el fondo de mi corazón persiste el sentimiento terrible de que pudiera haberlos salvado, de que acaso me hubiese sido posible.
Corría el año 1944, casi cinco después deque Hitler invadió Polonia. La Gestapo lo gobernaba todo, y Alemania se estaba refocilando con el botín del continente, porque dos tercios de Europa habían quedado bajo las garras del Tercer Reich. Vivíamos en Cluj[2], ciudad de 100,000 habitantes, que era la capital de Transilvania. Había pertenecido antes a Rumania, pero el Laudo de Viena, de 1940, la había anexado a Hungría, otra de las nacionessatélites del Nuevo Orden. Los alemanes eran los amos, y aunque apenas era posible abrigar esperanza ninguna, no sentíamos, si no rezábamos porque el día de la justicia no se retrasase. Entre tanto, procurábamos apaciguar nuestros temores y seguir realizando nuestros quehaceres diarios, evitando, en lo posible, todo contacto con ellos. Sabíamos que estábamos a merced de hombres sin entrañas —y demujeres también, como más tarde pudimos comprobar—, pero nadie logró convencernos entonces del grado auténtico de crueldad a que eran capaces de llegar.
Mi marido, Miklos Lengyel, era director de su propio hospital, el "Sanatorio del Doctor Lengyel", moderno establecimiento de dos pisos y setenta camas, que habíamos construido en 1938. Cursó sus estudios en Berlín, donde consagró mucho...
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