La caza sutil

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La Caza Sutil, Julio Ramón Ribeyro

La Caza Sutil; Ed. Milla Batres 1975; primera edición; Ensayos – Crónicas; Julio Ramón Ribeyro, Perú.

El autor en la contra tapa nos anuncia:
“Ernest Junger emplea repetidas veces en su Diario la expresión Caza Sutil, refiriéndose así a su actividad favorita, la caza de insectos. Distingue así esta actividad de la caza mayor, que requiere más esfuerzo,mejor equipo, superior preparación.”
Los 21 textos encontrados aquí van desde la crítica literaria, pasando por las crónicas y llegando a sus reflexiones sobre hechos que merecieron la atención del autor en su debido momento, siempre elaborado con la fineza que lo caracteriza. Son textos que fueron publicados en diarios y/o revistas a mitad del siglo anterior, algunos muy sabrosos como “El Amor alos Libros”.

“Alfredo Gonzáles Prada cuenta que su padre, don Manuel, sentía por los libros un respeto casi religioso, al extremo que era incapaz de subrayarlos o de trazar notas marginales. Se contentaba con redactar largas tiras de comentarios que añadía cuidadosamente al final de cada libro leído. Todo ello indica que don Manuel no amaba a los libros, sino que era un “respetuoso” lector.
Enrealidad existe un amor físico a los libros muy indiferente al amor intelectual por la lectura. Por lo general el gran lector no ama a los libros, así como el don Juan no ama a las mujeres. El gran lector coge los libros conforme caen en sus manos, los usa y los olvida. El amante de los libros, en cambio, los ama en sí mismos como cuerpos independientes y vivos, como conjunto de páginas impresasque es necesario no solamente leer, sino palpar, alinear en un estante, incorporar al patrimonio material con el mismo derecho que al bagaje del espíritu. El amante de los libros no aspira solamente a la lectura sino a la propiedad. Y esta propiedad necesita observar todas las solemnidades, cumplir todos los ritos que la hagan incontestable.
El amor a los libros se patentiza en el momento mismo desu adquisición. El verdadero amante de los libros no tolera que el expendedor se los envuelva. Necesita llevarlos desnudos en sus manos, irlos hojeando en su camino; meter los pies en un charco de agua, sufrir todos los transtornos de un primer encantamiento. Llegando a su casa, lo primero que hará será grabar en la página inicial su nombre y la fecha del suceso, porque para él toda adquisiciónes una peripecia que luego será necesario conmemorar. Con el tiempo dirá: “Hace tantos años y tantos días que compré este libro”, como se dice: “Hace tanto tiempo que conocí a esta mujer”.
Cumplido este requisito, el amante de los libros, cogerá el primer objeto que encuentre a su disposición – sea regla, tarjeta, u hoja de afeitar – y comenzará a cortar las páginas del libro y lo irá leyendoprogresivamente con vehemencia, con sobresalto; como se ama a una novia conforme se la va descubriendo. Y durante el proceso de la lectura no resistirá ninguna tentación. Lo cubrirá de caricias y de rasguños. Las páginas se irán cubriendo de “ojos” admirados, de objeciones marginales a sus ideas atrevidas, de interrogaciones a sus párrafos oscuros. Y solamente así – después de haberlo hecho viajar entranvía, después de haberse introducido con él a la cama – podrá decir que ha leído ese libro, que lo ha poseído, que lo ha amado.
Es por este motivo que el amante de los libros es intolerante con los libros ajenos. Leer un libro ajeno es como leer un libro a medias. Si el libro es nuevo el lector necesitará observar cierta cortesía – forrarlo, probablemente – necesitará, además, sercondescendiente con sus ideas, aceptar políticamente algunos puntos discutibles, combatir de continuo sus impulsos voraces y contentarse, por último, a dar aquí y allá un ligero toquecito a fin de no hacer ostensible, a ojos del propietario ese abuso de confianza. Si el libro prestado es viejo y releído la situación cambia radicalmente. El lector se enfrentará a él con la animosidad, con el escepticismo de...
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