La ciudad de dios

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LA CIUDAD DE DIOS
SAN AGUSTÍN
TRADUCCIÓN DE ANTONIO DE ROYS C.
LIBRO DECIMONOVENO
FINES DE LAS CIUDADES
CAPITULO PRIMERO
Que en la cuestión que ventilaron lo filósofos sobre el último fin de los bienes y de los males, halló Marco Varrón doscientas ochenta Y ocho sectas y opiniones Por cuanto advierto que me resta tratar de los correspondientes fines di una y otra ciudad, de la terrena de lacelestial, declararé en primer lugar (cuanto fuere necesario para finalizar esta obra) los argumentos con que han procurado los hombres constituirse la bienaventuranza en la desventura de la vida presente; para que se eche de ver cuánto se diferencia de sus vanidades ilusorias la esperanza que nos ha dado Dios; y la misma cosa, esto es, la bienaventuranza que nos ha de dar; no sólo con laautoridad divina, sino también con la razón cual puede hacerse, por causa de los infieles.
De los últimos fines de los bienes y de los males han disputado los filósofos muchas y muy diferentes cosas y ventilando esta cuestión con particular empeño, lo que han pretendido e hallar qué es lo que hace al hombre bienaventurado. Aquél es el fin de nuestro bien, que nos impulsa a desea las demás cosas, y a élpor sí mismo y es el fin del mal lo que nos excita evitar y huir los demás males, y él por sí mismo Así que llamamos ahora fin del bien, no aquel con que fenece y acaba de forma que desaparezca, sino con que se perfecciona, de manera que esté completo; y fin de mal, no aquel con que deja de ser, sino aquel hasta donde llega causándonos daño. Son, pues, los fines el sumo bien y el sumo mal. Parahallar éstos y para conseguir en esta vida el sumo bien y huir de sumo mal, trabajaron infinito, como insinué, los que, en la vanidad lisonjera del siglo, profesaron el estudio de la sabiduría a los cuales, sin embargo, aunque errados por dife- rentes motivos, no permitió la verdadera senda y luz del camino de la verdad, que no pusiesen los fines de los bienes de los males, unos en el alma, otros enel cuerpo y otros en el alma y en el cuerpo. Y en ésta, que es como una división capital de tres sectas generales, Marco Varrón, en el libro de la filosofía, habiéndola examinado con exactitud y agudeza, descubrió tanta variedad de opiniones, que sin dificultad alguna de solas tres llegó a subir al número de doscientas ochenta y ocho sectas, no que efectivamente hubiese ya, sino que pudierahaber, estableciendo ciertas diferencias.
Y para manifestar este punto con la posible brevedad, conviene dar principio por lo mismo que advierte y pone en el libro citado, diciendo: que, son cuatro las cosas que naturalmente apetecen los hombres, sin que para ello sea necesario el auxilio de maestro, ni favor de doctrina alguna, ni industria o arte de vivir que se llama virtud, y que sin duda seaprende; a saber: el deleite con que se mueve gustosamente el sentido sensual del cuerpo; la quietud con que uno está libre de las molestias del cuerpo; la una y la otra, a lo cual Epicuro llama y comprende bajo el solo nombre de deleite; y los principios de la naturaleza, donde se hallan estas cualidades y otras, en el cuerpo; como la integridad de los miembros, 2
salud y perfecta disposicióncorporal; y en el alma: como las perfecciones que se descubren grandes o pequeñas en los ingenios de los hombres.
Estas cuatro cualidades, el deleite, la quietud, ambas juntas, y los principios de la naturaleza de tal manera se hallan en nosotros, que la virtud (la cual después ingiere y planta en nosotros la doctrina) ó debe apetecerse por estas cosas, o éstas por la virtud, o lo uno y lo otro por símismo; y, por consiguiente, nacen ya de aquí dos sectas: porque de esta conformidad cada una se multiplica tres veces, la cual, puesto por ejemplo en uno, no será difícil hallarlo en los demás. Según el deleite del cuerpo se sujete, o se aventaje, o se una a la virtud del alma, constituye tres diferencias de sectas. Sujétase a la virtud cuando se toma para el uso de la misma virtud. Porque al...
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