La de tu hermana esta buena...

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Pablo martinez

El seductor

Capítulo 1
El agente Pablo Martinez detuvo el coche patrulla frente a una tranquila casa en Fulton Street y salió con cautela. Yorkshire Falls era un pequeño pueblo del norte del estado de Nueva York cuya población rondaba los 1.700 habitantes. El índice de criminalidad era bajo comparado con el de las grandes ciudades y los habitantes tenían una vividaimaginación. Un claro ejemplo era la última serie de delitos, consistente en varios robos de bragas, y el principal sospechoso, por absurdo que pareciera, había sido Peter, el hermano pequeño de Pablo.
Lisa Burton, la mujer que había llamado a la policía esa tarde, era una profesora de secundaria nada dada a exagerar o a asustarse con facilidad, pero aunque Pablo no preveía una situación complicada, nodaba nada por sentado. La inspección preliminar del terreno le indicó que todo estaba en orden mientras se acercaba al patio delantero por la arenisca de color azul grisáceo. La puerta estaba cerrada a cal y canto y llamó con fuerza. Las persianas de la ventana contigua se agitaron mientras unos ojos cautos miraban hacia fuera.
—Policía. —Pablo anunció su presencia. Oyó los cerrojos descorrerse yluego la puerta se abrió apenas unos centímetros—. Soy el agente Martinez —dijo, sin apartar la mano de la pistola como medida de precaución instintiva.
—Gracias a Dios. —Pablo reconoció la voz de la propietaria de la casa—. Creía que no ibas a llegar nunca.
No le sorprendió el tono susurrante y apremiante de Lisa. A pesar de su conservadurismo de maestra, Lisa estaba loca por él. Ya se le habíainsinuado con anterioridad y, aunque Pablo prefería pensar que no había llamado a la policía en vano, su voz seductora le había hecho apretar los dientes.
—¿Has llamado porque necesitabas ayuda? —le preguntó.
La puerta se abrió de par en par. Pablo entró con cautela porque Lisa seguía ocultándose tras la puerta de roble maciza.
—He llamado porque necesitaba a la policía. —Lisa cerró de unportazo—. He llamado porque te necesitaba.
El instinto le dijo que ya podía bajar la guardia y soltó la pistola. Al inhalar, se dio cuenta de que su presentimiento había sido acertado. Lo envolvió una fragancia intensa y todos sus mecanismos de defensa masculina se pusieron en marcha. Tosió, y lo que supuso que debía de ser un potente afrodisíaco, le provocó arcadas. Era potente, sin duda, pero lamujer que había llamado a la policía iba a llevarse un chasco. No estaba excitado y en lo único en que pensaba era en encender las luces.
Accionó el interruptor de la pared y, en ese preciso instante, vio a Lisa. Su aspecto debería haberlo sorprendido, pero supuso que estaba demasiado cansado debido a los recientes acontecimientos. La maestra normal y corriente se había transformado en unadominatriz. Desde las botas de cuero que le llegaban al muslo hasta el corpiño ceñido y sin tirantes, pasando por el pelo asalvajado. Su indumentaria pedía a gritos que la poseyera allí mismo, en el suelo, contra la pared, daba igual.
Pablo meneó la cabeza. Aunque sabía la respuesta, se lo preguntó de todos modos.
—¿Qué demonios pretendes?
Lisa apoyó el hombro en la pared y adoptó una postura sensual.—Salta a la vista, ¿no? Has rechazado las ofertas de todas las mujeres del pueblo, incluida yo, pero pienso poner fin a eso. A pesar de mi trabajo y aspecto normal, puedo ser muy, pero que muy poco tradicional. —Le hizo señas con el dedo—. Vamos, te enseñaré los accesorios de que dispongo.
Pablo a duras penas arqueó una ceja. Luego dejó escapar un suspiro, convencido de una cosa. Su entrometidamadre, Maria, era la responsable de las insinuaciones nada sutiles y continuadas de Lisa.
Maria había dado a entender a todas las mujeres del pueblo que su hijo sólo sentaría cabeza si encontraba a alguien especial, alguien con quien no se aburriese. Lisa, al igual que muchas otras mujeres del pueblo, se había tomado las palabras de Maria al pie de la letra. Aunque su madre tenía razón al pensar...
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