La hija del diblo

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Jean Plaidy

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LA HIJA DEL DIABLO

DE PEQUEÑOS PRINCIPIOS HAN SURGIDO GRANDES
cosas, y, de la misma manera que una
pequeña vela puede encender mil, la luz que
aquí se encendió ha brillado sobre muchos.

BRADFORD,
Gobernador de la Colonia de Plymouth

ÍNDICE

Capítulo 1 4
Capítulo 2 26
Capítulo 3 57
Capítulo 4 91Capítulo 5 118
Capítulo 6 154
Capítulo 7 173
Capítulo 8 207

RESEÑA BIBLIOGRÁFICA 209

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Capítulo 1

Tamar fue concebida una noche de San Juan durante el año más glorioso y triunfal que Inglaterra había conocido hasta entonces. Su madre era una pobre criada; cuando le preguntaban quién había engendrado a la niña, bajaba los ojos y hacía todo lo posiblepor evitar la respuesta. Si la acosaban, murmuraba por lo bajo que no había sido culpa suya; la habían forzado en la oscuridad de la noche y ni siquiera había visto el rostro del padre. Pero ella, la propia madre de la niña, creía, como otras muchas personas, que el padre de Tamar no era otro que el mismísimo demonio.

* * *

Era el domingo de Pentecostés.
El mar centelleaba y el soliluminaba las rocas de tal forma que parecían veteadas de amatista y crisopraso, cuarzo rosa y jade; el tojo nunca era más dorado que en el mes de mayo e incluso la col marina, la más modesta de todas las flores, parecía brotar de la inclinada roca con renovados bríos. La persistente fragancia de los capullos del espino se mezclaba en el aire con los perfumes del mar y la tierra. Ese año, elencanto incomparable de la primavera inglesa era doblemente dulce.
Aquel domingo por la mañana, Richard Merriman no pudo permanecer en su casa de Pennicomquick; se aspiraba demasiada emoción en el aire y él, como muchos otros, tenía que asistir al oficio especial de la iglesia. Dejó su caballo para que le dieran de comer y beber en una posada cercana al Hoe y dio un paseo sintiendo el fuerteviento y contemplando el otro lado del canal antes de regresar a la ciudad.
Bastaba una mirada para comprender que era un hombre muy remilgado. Sus calzones eran de terciopelo y no llevaba jarreteras para sujetar las medias, lo cual hubiera podido significar que estaba bastante orgulloso de sus pantorrillas; las mangas de su coleto estaban abiertas desde los hombros a la muñeca para mostrar elrico lienzo de su jubón. Tenía el semblante muy pálido y era altivo y sumamente elegante. Era lo que parecía: una mezcla de sabio y de epicúreo. Su amor por la erudición no era compartido por su amigo y vecino sir Humphrey Cavill, a quien todos los hombres (y todas las mujeres) comprendían. Sir Humphrey, gran aficionado a la bebida y a la buena vida, había navegado por el Caribe con John Hawkins ysir Francis Drake y se decía que la mitad de los hijos nacidos entre Stoke y Pennicomquick tenían la nariz de los Cavill o los hermosos ojos azules de sir Humphrey. Richard Merriman era más exigente que su amigo, que lo era por el simple hecho de ser su vecino.
¡Qué espectáculo tan grandioso el de aquella soleada mañana! Desde el Hoe, Richard contempló la disposición de la flota. El Ark, elRevenge, el Elizabeth Bonaventure y el Mary Rose… estaban allí, tirando de sus anclas con tal impaciencia como la que sin duda sentía sir Francis por hacerse a la mar e ir al encuentro del español; estaban también el Victory y el Nonpareil, todos enarbolando la bandera inglesa de la cruz roja sobre fondo blanco. La flota contaba con otros muchos barcos, pero Richard sabía que, surcando los mares paraenfrentarse a ella, se acercaba una armada que, a juicio de muchos, era todavía más orgullosa y espléndida.
En cualquier momento podía aparecer en el horizonte el primer barco español. Tal vez aquella misma noche las almenaras se encenderían de repente a lo largo de las costas de Devon y Cornualles.
Las campanas estaban repicando cuando Richard se alejó del Hoe en dirección a la...
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