La infancia

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L A I N F A N CI A

PHILIPPE ARIES
(1914-1984)
La actitud de los adultos frente al niño ha cambiado mucho en el curso de la Historia y, ciertamente, sigue cambiando hoy día ante nuestros ojos. Sin embargo, esos cambios han sido tan lentos e imperceptibles que nuestros contemporáneos no se han dado cuenta de ellos (en la actualidad, ya que todo se mueve apresuradamente, se notan mejor). Enotros tiempos, esas mutaciones no se distinguían de los datos constantes de la naturaleza; las etapas de la vida humana se identificaban, de hecho, con las estaciones. No es que el hombre estuviese completamente inerme en su enfrentamiento con la naturaleza, pero no estaba en condiciones de influir en ella excepto con intervenciones mínimas, modestas y anónimas, que resultaban eficaces sóloporque se repetían durante mucho tiempo: el observador sólo podía descubrirlas en el momento en que se acumulaban tanto que su densidad las hacía evidentes. Con el niño, pues, ha sucedido lo mismo que con la agricultura: no se puede hablar de revolución de la infancia, como no se puede hablar de revolución agrícola..., aunque también se haya intentado hacerlo.
Parece que la historia del niño, como lade la familia, en la antigüedad romana, se vio complicada durante mucho tiempo por una problemática nociva: el llamado tránsito de la familia gentilicia a la familia nuclear (los historiadores de la Edad Media y de la era moderna han señalado el mismo contrasentido). Para verlo con mayor claridad es preferible esperar los resultados de las investigaciones de Veyne y de Manson. No obstante ya sepueden formular algunas observaciones. Se sabe que al niño romano recién nacido se le posaba en el suelo. Correspondía entonces al padre reconocerlo cogiéndolo en brazos; es decir, elevarlo (elevare) del suelo: elevación física que, en sentido figurado, se ha convertido en criarlo. Si el padre no «elevaba» al niño éste era abandonado, expuesto ante la puerta, al igual que sucedía con los hijos delos esclavos cuando el amo no sabía qué hacer con ellos.
¿Se debe, pues, interpretar aquel gesto como una especie de procedimiento de adopción, según el cual no se aceptaba al niño como un crecimiento natural, independiente de la voluntad consciente de los hombres, para los cuales constituía un nada, un nihil destinado a desaparecer, a no ser que se le reconociese mediante una decisiónreflexiva del padre? La vida le era dada dos veces: la primera cuando salía del vientre de la madre y la segunda cuando el padre lo «elevaba». Es tentador relacionar este hecho con la frecuencia con la que se producían las adopciones en Roma. Según Veyne, en realidad los lazos sanguíneos contaban mucho menos que los vínculos electivos, y cuando un romano se sentía movido a la función de padre preferíaadoptar el hijo de otro o criar el hijo de un esclavo, o un niño abandonado, antes que ocuparse automáticamente del hijo por él procreado.

En último caso, los niños «elevados» habrían sido favorecidos por una elección, mientras que a los otros se les abandonaba: se mataba a los hijos no deseados de los esclavos, o a los niños libres no deseados por las más diversas razones, no sólo a los hijosde la miseria y del adulterio. Así, Augusto hizo abandonar recién nacidos a las puertas del palacio imperial. Y Veyne señala que el abandono de los niños desempeñaba entre los romanos la función que entre nosotros tiene el aborto.
Por otra parte, a la vista de cuanto se sabe sobre la historia de la familia, del niño y de la anticoncepción, se puede advertir una correlación entre los tres factoressiguientes: la elevatio del niño en el momento del nacimiento; la práctica, muy difundida, de la adopción, y la extensión del infanticidio. La sexualidad se encuentra, pues, separada de la procreación. La elección de un heredero es voluntaria. Los subproductos del amor, sea conyugal o no lo sea, quedan suprimidos.
Esa situación cambió a lo largo de los siglos II y III, pero no por méritos al...
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