La leyenda del viento

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Parque Nacional San Guillermo

La leyenda del viento
Oche Califa

“La leyenda del viento”, de Oche Califa Ilustraciones: Diego Florio Diseño de tapa y colección: Campaña Nacional de Lectura Colección: “Parques Nacionales: leelos, cuidalos, disfrutalos” Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología Unidad de Programas Especiales Campaña Nacional de Lectura Pizzurno 935. (C1020ACA) Ciudad deBuenos Aires. Tel: (011) 4129-1075 campnacionaldelectura@me.gov.ar - www.me.gov.ar/lees República Argentina, 2007

Los guanacos y las vicuñas rieron. Era un grupo no muy numeroso que se había reunido en un llano de San Guillermo, rodeado de montañas altísimas. No es habitual que las dos especies se junten, pero aquí sí lo es. La risa hizo acercar a un suri o ñandú cordillerano, que preguntó:–¿Se puede saber qué es tan gracioso? Un guanaco dijo por lo bajo: “Miren los ojos de curioso que tiene el suri”; pero una vicuña le contestó: –Ayer un gato andino quiso atrapar una lagartija, pero se quedó con la cola, nomás. Todos volvieron a reír. Sí, la muy hábil lagartija, hostigada y en peligro, había soltado la cola, que le volvería a

crecer, y disparó. ¡Bien que hizo! A la reunión se unieronun zorro colorado, siempre dispuesto a burlarse de los demás, y un carancho o matamico, que bajó de un cerro. Al rato llegaron otros animales. El viento corría fuerte en el llano y en su atropellada sólo se llevaba por delante algunas piedras, cactus y la fornida yareta, planta tan dura como una roca. No había hombres a la vista. No los había generalmente, aunque la región fue en otro tiempodominio de los incas, que atrapaban las vicuñas para hacer con sus pelos finas ropas. También obtenían plomo de la montaña, cosa que hoy en día también se hace. De todos modos, siempre hay poca gente por aquí. La reunión seguía animada, porque, como suele suceder, un cuento trae otro. Sobre todo cuando en el grupo hay algunos charlatanes, como el guanaco que dijo: –¿Saben que los otros días un cóndorbajó al llano y después no podía remontar? Los demás escucharon y algunos asintieron, porque sabían que eso le podía ocurrir al cóndor.

–Anduvo a las corridas y los revoloteos un buen rato… –siguió el guanaco. El zorro sonrió gustoso y buscó la complicidad, con la mirada, de otros animales chicos que también odiaban, y además temían, al cóndor. –Al fin se subió dando saltitos a unas piedras yde allí logró levantar vuelo. El carancho dijo: –Son las desventajas de ser tan grandote. ¡Grandote al cuete! Varios soltaron la risa por la expresión. Si hubiese sido una ronda de gauchos, y no de animales, andaría dando vueltas el mate y, tal vez, la guitarra. Pero los animales no matean ni saben tocar instrumentos. Eso sí, algunos cantan muy lindo, como los jilgueros que viven, numerosos, poraquí. Pero regresemos a escuchar qué otras cosas cuentan: –Me contó vez pasada

un jilguero –justamente nombró a este pájaro una vicuña– que junto al arroyo que baja más allá han crecido las margaritas como nunca… El comentario no obtuvo mayor respuesta porque a todos les interesaban historias que tuvieran alguna emoción o una picardía. Para ello, nada mejor que el zorro, que dijo: –Un día corría un chinchillón por ahí, cerca del arroyo. El muy ladino me tuvo de acá para allá un rato largo, metiéndose entre las piedras, volviéndome loco con sus carreritas ligeras. A muchos no les gustó lo dicho, porque sabían que el ladino, en realidad, era el zorro y no el pobre chinchillón perseguido. Un guanaco preguntó: –¿Y cómo terminó la corrida?

–Mal para mí. ¡Me clavé unas espinas que todavía,cuando me acuerdo, me duelen! Eso sí fue feliz para varios de los que escuchaban, que sonrieron, satisfechos. A nadie le gusta escuchar historias donde triunfan los malos, y los pobres que sufren no obtienen más que dolor e injusticia. Aunque esas historias existen. La que comenzó a contar una vicuña era una de esas: –Hace muchos años –dijo– un indio joven se enamoró de una indiecita. Pero...
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