La muerte y la libertad en martin heidegger

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  • Publicado : 25 de octubre de 2010
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DE LA GAYA SCIENZA  

Prólogo de la segunda edición

1

A este libro tal vez no sólo le hace falta un prólogo; en último término, siempre queda la duda de si a alguien que no haya vivido algo semejante se la puede hacer más cercanas las vivencias de este libro mediante prólogos. Parece escrito con el lenguaje del viento del deshielo: en él hay petulancia, desasosiego,contradicción, tiempo de abril, de tal manera que a uno continuamente se le recordará tanto la cercanía del invierno como la victoria sobre el invierno, que llega, tiene que llegar, tal vez ya ha llegado... El agradecimiento se derrama continuamente, como si acabara de acontecer lo más inesperado: el agradecimiento de un convaleciente -pues la curación era lo inesperado. “Ciencia jovial”: eso significa lassaturnales de un espíritu que ha resistido pacientemente una larga y terrible presión -paciente, riguroso, frío, sin someterse, pero sin esperanza- y que ahora de una sola vez es asaltado por la esperanza, por la esperanza de salud, por la embriaguez de la curación. Cómo puede sorprender que con ello se haga visible mucho que es irracional y loco, mucha ternura impetuosa, derrochada incluso sobreproblemas que tienen una piel erizada y que no parecen ser apropiados para ser acariciados y seducidos. Este libro no es cabalmente, nada más que el regocijo luego de una larga privación y desfallecimiento, el júbilo de la fuerza que se recupera, la creencia que se ha despertado de nuevo a un mañana y a un pasado mañana, el súbito sentimiento y presentimiento de un futuro, de próximas aventuras,de mares nuevamente abiertos, de metas nuevamente permitidas, nuevamente creídas. ¡Y que cantidad de cosas quedan ahora detrás de mí! Este trozo de desierto, de agotamiento, de incredulidad, de congelamiento en medio de la juventud, esta ancianidad insertada en un lugar inapropiado; esta tiranía del dolor superada aún por la tiranía del orgullo, que rechazaba las conclusiones del dolor -y lasconclusiones son consuelos-; este radical quejarse solo como defensa extrema contra un desprecio por los hombres, que se había vuelto enfermizo y clarividente; esta restricción fundamental a lo amargo, áspero y doloroso que posee el conocimiento, tal como la prescribía la nausea que paulatinamente había crecido a partir de una dieta espiritual y condescendencia imprudentes -a eso se lo llamaromanticismo-, ¡oh, quién pudiera sentir todo eso conmigo! Pero quien lo pudiera, seguramente me atribuiría mucho más que algo de insensatez, de alegría desbordante, de “ciencia jovial” -por ejemplo el puñado de canciones que esta vez se han agregado al libro-, canciones en las que un poeta se burla de todos los poetas de una manera difícilmente perdonable.

Ah, pero no es sólo frente a los poetas ya sus hermosos “sentimientos líricos ante los que este resucitado tiene que manifestar su maldad: ¿quién sabe qué victimas busca para sí, qué clase de monstruos de un material paródico lo excitarán dentro de poco tiempo? “Incipit tragoedia” - se dice al final de este libro impensable que da que pensar: ¡hay que ponerse en guardia! Se anuncia algo ejemplarmente malo y malvado: incipit parodia, nocabe ninguna duda...

2

Pero dejemos a un lado al señor Nietzsche, ¿qué nos importa que el señor Nietzsche esté nuevamente sano?... Un psicólogo conoce pocas preguntas tan atractivas como aquella que interroga por la relación entre salud y filosofía, y en el caso de que él mismo caiga enfermo, aporta a su enfermedad toda su curiosidad científica. En rigor, supuesto el caso que seauna persona, uno tiene necesariamente también la filosofía de su persona: existe allí, sin embargo, una considerable diferencia. En uno son sus carencias las que filosofan, en otro son sus riquezas y fuerzas. El primero necesita de su filosofía, ya sea como apoyo, tranquilizante, medicina, salvación, exaltación, autoestrañamiento; para el último, ella sólo es un hermoso lujo, y en el mejor de...
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