La multitud en el espejo

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  • Publicado : 27 de marzo de 2011
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La Multitud en el Espejo
I am he as you are he as you are
me and we are all together
Lennon & McCartney
Martha Isabel De la Colina
Mi nombre es Legión porque somos muchos. Soy un reflejo múltiple de rostros imprecisos. En realidad, ella nunca me dio un nombre, pero todos me conocen como las voces que oye Lidia.
Lidia nació sin permiso en esa casa verde y enorme, donde las sombras se movíana su antojo y el dolor era un aroma acre que impregnaba las paredes. En mi recuerdo más antiguo, Lidia jadeaba su terror oculta en un tonel y su largo cabello negro escurría el velo de sus lágrimas. Escuchábamos los pasos, el rotundo golpe de aire tras las puertas. Entonces su madre la encontraba y venían los cintarazos, las patadas, desear que todo terminara para volver a nuestra soledad en unrincón.
Vivimos albergados por la sombra de Lidia, sorbiendo su dolor, cantando angustias. Buscamos alegrarle el paso de las horas visitando quimeras y lunas sumergidas, catedrales góticas y soles de estío...
Hasta que llegaron los doctores. Se dijeron sus amigos, pero la enchufaban y le metían todos los voltios. La desnudaron para entrar en sus más íntimos rincones y encontrar que Lidia erainmanejable, salvaje como un gato acorralado.
Entre las paredes blancas del encierro, averiguamos que el tiempo era flexible. Aprendimos que el temblor en las rodillas también era nuestro cuerpo y el dolor podía separarse de la entraña y disgregarse. De remolino se nos hizo la memoria. La ventana hacia la calle era remota y el mundo nos pintaba de revés. ¿Qué había en la mirada de su madre cuandollegaba de visita y Lidia se rompía en mil pedazos para luego tener que remendarla?
Si pudiera recobrar cuanto los electrochoques nos robaron, habría un nuevo universo ante mi puerta. Pero los jirones de recuerdo que nos quedan son sólo ecos minerales, destellos inconexos.
Escampó después de la tormenta. Terminó la era de voltios y duchas de agua fría. Llegaron benévolas pastillas y el carrusel enque habíamos trepado acabó por detenerse. Encontramos el silencio y nos volvimos murmullos inaudibles. Lidia ya decía a todo que sí, que buenos días, por favor y muchas gracias, se sentaba a la mesa con la gente decente para hablar del príncipe Carlos y del último grito de la moda. Había olvidado que la música a veces era verde transparente y que el tiempo resbalaba en las pompas de jabón.
Su mamáy los tíos dijeron que qué bueno había sido el tratamiento. Yo era sólo un hormigueo en los pies de Lidia y la observaba a través del translúcido sopor de las pastillas.
Conoció a Iñaki por entonces. De melena ensortijada y risa franca. Nos simpatizó porque jugaba fútbol y sabía las canciones de Donovan y Dylan cuando ya casi nadie las oía. Acariciaba a Lidia en su pupila, pues la conoció dócily colmada de silencio. La adivinaba transparente en su frágil delgadez. Nos enamoramos de Iñaki cuando dijo que nadie había querido a Lidia lo suficiente.
Él trajo un anillo de brillantes y la vieja casa se cimbró de arriba abajo. Rechinaron las maderas: Iñaki intentaba llevarse a Lidia sin ser doctor. ¿Por qué iba ella a pasarla bien?, decía su madre, eso no era para Lidia.
Y, aunque seagrietó la casa, Iñaki tomó a Lidia en sus brazos, la trepó en su viejo convertible junto con su colección de discos y su amor por las canciones de protesta.
Vivían en un estudio cubierto de tapetes y cojines. Pintaron las paredes de amarillo y las llenaron de fotografías de insectos. Pasaban hambre a veces, pero reían todos los días. Lidia sacaba poco a poco sus colores, risa verde y lengua roja.Iñaki componía baladas mientras ella pintaba lunas de acuarela, o cocinaba pepinillos con azúcar y rábanos fritos. Todo eran carcajadas al final de la comida y qué hermosa eres y la mano suave de Iñaki al entrar bajo la blusa, el ceder de los botones y un dulce arrullo de paloma que se abría a la mirada y la calidez entre sus piernas y la humedad de una lengua recorriendo continentes, risas...
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