La naturaleza

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  • Publicado : 2 de febrero de 2011
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LA NATURALEZA Y EL INSTINTO
Esta cuestión es quicio de la Psicología y no se la estudia: se la supone resuelta de manera evidente. Para los empiristas el problema no existe; para muchos aristotélico-tomistas, tampoco. Los primeros, desde la reflexología hasta el formalismo, han observado el instinto en los animales, donde se manifiesta con precisión y evidencia; luego han aplicado lasconclusiones al hombre, donde el instinto animal de ninguna manera es evidente; están resueltos a que haya una continuidad homogénea entre el irracional y el ser humano y, para ello, niegan lo que haya que negar, atan lo que haya que atar, cueste lo que cueste.
Los segundos descansan en paz sobre la convicción de que la cuestión ha sido suficientemente estudiada por los empiristas. Pero esa actitud esinsostenible, pues, mientras Sto. Tomás de Aquino afirma que el instinto es algo muy simple y esencial -una motio anterior a las potencias operativas- los que se colocan el título de discípulos de tal maestro, tienen que echar mano de un verdadero galimatías para conciliar a la Escuela con las hipótesis aprioristas de los empíricos. Al definirlo o enumerarlo aglomeran apetitos, pasiones y -cosaextraña en un tomista- recurren al término más indefinido que puede darse, esto es, a "las fuerzas psíquicas", produciendo un verdadero mazacote psicológico; caen, por ejemplo, en la rara debilidad de seguir la clasificación Mc Dougall, el cual llama instinto a pasiones bien definidas como lo son la fuga y la audacia, a conceptos amorfos como el de la "auto-humillación".
Abocarse con este problema esmirar de frente la cuestión más decisiva de la Psicología humana. En una palabra, al considerarla nos colocamos en el filo de la problemática de todo lo que atañe al hombre, pues es evidente que, si se llega a demostrar que la naturaleza humana carece de instintos animales, se sigue que hay o puede haber en el hombre una real unidad y armonía entre lo sensible y lo racional. Entraríamos entonces enuna desacostumbrada posibilidad: la transfiguración de lo sensible, su íntima participación de la nobleza racional. Si, por el contrario, es verdad que lo animal, también en el hombre, está cerrado sobre sí por sus correspondientes instintos y la razón, es decir, el espíritu, gime en medio, contrariada por ellos, tendríamos que aceptar como verdadera la tragedia -en última instancia inexplicable-de la dualidad sustancial platónica, gnóstica, maniquea, cartesiana, protestante y, por último, materialista.
Entremos de lleno en el planteo del problema:
1. Se da de continuo una concepción dualista de la naturaleza humana, donde el espíritu y la animalidad se oponen en un interminable conflicto. Este dualismo puede ser espiritualista o materialista.
2. Se da también sin ninguna frecuenciala doctrina hilemórfica acerca de esa misma naturaleza, según la cual el ser humano es la conciliación, por cierto admirable, de lo espiritual y lo animal en una forma sustancial específica muy peculiar, que es la racionalidad.
La primera manera de pensar, abundantísima en extensión y variantes, es la común desde el Oriente hasta el Occidente; se la encuentra por todas partes: en el campo de losmitos, de las ciencias antiguas y modernas y en las mentalidades vulgares.
Podríamos decir que es la sombra que acompaña siempre al hombre; patética confesión inconsciente de los pueblos y las ciencias acerca de aquel pecado inicial que quebró al hombre y planteó el conflicto y la contradicción en sus propias entrañas.
Más al mismo tiempo manifiesta mediana pujanza metafísica y filosófica, puesno logra traspasar el estado del hombre y alcanzar una lectura límpida y exacta de la esencia del mismo, en sí.
Si esta concepción dualista es también espiritualista, como en Platón y los platónicos, los gnósticos, los maniqueos, Descartes y los protestantes, el alma humana, en absoluto, es la racionalidad, con nexos más o menos accidentales hacia la parte animal, sustancia corpórea distinta de...
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