La noche en el hospital

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  • Publicado : 2 de marzo de 2012
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Una noche en el hospital
Dos conocidos, embriagados, se trenzaron en una pelea; Damián trató de separarlos, y
accidentalmente le dieron una puñalada. Dio unos pasos vacilantes y cayó sobre la vereda.
Despertó en una habitación de hospital, tras una operación de emergencia. 
La primer noche durmió bajo los efectos de la anestesia. Al llegar la segunda noche estaba
Inquieto; le tenía terror alos hospitales. 

Una enfermera entró a revisarle el suero.

- Enfermera - dijo Damián -, me gustaría que dejara la luz prendida.
- ¿Qué? No me va a decir que tiene miedo ¡Un hombre grande! - comentó la enfermera.
- No… no es que tenga miedo, es que… no estoy acostumbrado a estar aquí.
- Pues se va a tener que acostumbrar, tiene para varios días más. ¡Buenas noches! - Y al
retirarse apagóla luz. 
En la oscuridad, apenas se veía la mesita que tenía al lado de la cama; del otro lado estaba
el soporte metálico que sostenía en alto la unidad de suero, lo demás era todo penumbras.

Sintió un fuerte pinchazo en una pierna, y seguidamente otros más. 

- ¡Ay! ¡Dejen de pincharme! ¡Auxilio! ¡Que alguien me ayude! - gritó Damián.

Sentía como le clavaban una aguja, pero no lograbaver quién lo hacía. Se incorporó y tiró 
unos manotazos, pero sólo encontró el aire; lo que le clavaba la aguja no era una persona. 
Una enfermera entró de repente y encendió la luz, y en ese instante se escuchó que algo
caía al suelo; era una jeringa metálica, de las que usaban antes.
La enfermera y un doctor que se presentó después, le dieron unas explicaciones que no lo
convencieron; masdejó de insistir cuando lo cambiaron de habitación.

Bajo el agua
La noche estaba calurosa y húmeda. Ocho muchachos, sentados en el césped de una plaza,
habían terminado sus últimas latas de cerveza, y hablaban todo tipo de tonterías, mientras
las arrojaban hacia los canteros con flores. 
Entre ellos estaba Sebastián. Con la cabeza hacia atrás, esperó que cayeran las últimas
gotas de su lata,y tras eructar ruidosamente se le ocurrió una idea.

- Vamos a bañarnos en la piscina del parque. - dijo de repente.
- ¿Qué? - preguntó uno de los muchachos.
- A la piscina del parque, a bañarnos… nadie la cuida.
- Estaría bueno. Este calor ya me tiene medio abombado. - comentó otro.
- ¿¡Más abombado de lo normal!? ¡Jajaja! - gritó uno de sus compañeros.

El parque estaba sólo a trescuadras. La piscina estaba algo apartada de las luces de la
calle. Mientras unos trepaban la reja otros vigilaban. Agazapados, llegaron hasta el
borde de la piscina. El agua estaba oscura y muy quieta, en su superficie apenas se
reflejaba el resplandor de las luces de la calle más cercana. 
Aunque todos dudaron, ninguno se atrevió a decirlo, solamente permanecieron un 
instante en silencio, en elborde, buscando en la inmóvil superficie; no sabían qué. 
El primero en entrar fue el que estaba más “mareado”, luego los otros lo siguieron. 

No querían hacer mucho ruido, y en su estado les costaba mantenerse a flote, entonces
la atravesaron y se agarraron del borde. De repente uno sintió que algo le rozó una
pierna. 

- ¿Quién fue el gracioso? - preguntó. Casi al mismo tiempo otro sesacudió.
- ¡Oh! Algo me tocó la espalda. - exclamó asustado. El que estaba en un extremo también 
sintió un rose, y distinguió que era una mano. 

- ¡Ah! ¿Quién se sumergió? Sentí clarito que fue una mano. - dijo.

Se apartaron del borde para ver bien a los otros, los ocho estaban en la superficie.
Una mano sujetó el pie de Sebastián, y lo jaló hacia abajo. 
Se hundió en la negrura delagua, en la oscuridad absoluta, y le pareció que nunca
llegaba al fondo. 
La imperiosa necesidad de respirar lo desesperó, agitando los brazos y pataleando trató
de subir, pero la manó no lo soltaba. Tras sacudirse en aquella oscuridad líquida, el agua
entró a sus pulmones, produciendo un ardor de fuego. Abrió la boca y el aire escapó 
hacia la superficie. La desesperación disminuyó, y el...
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