La perseguidora

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|La perseguidora |
|José Luis Martínez S. |
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De cómo la señora Wallace rastreó y detuvo a los asesinos de su hijo

A las tres y media de la tarde del lunes 11 de julio de 2005, un día cálido y soleado, la señora Isabel Miranda de Wallace se despidió de su hijo Hugo Alberto. Estaba sentada en el escritorio de su estudio cuando él entró a pedirle la bendición. Fue la última vez que lo vio con vida.
Hugo, quien pronto cumpliría 36años, estaba divorciado, tenía una hija y vivía solo. Pero todos los días visitaba a su madre y solía telefonearle cada noche.

Esa vez no lo hizo. Ella, extrañada, le habló a su casa, al radio, al celular. El silencio comenzó a angustiarla. A la una de la madrugada marcó el número de Locatel. “Me tacharon de loca” —recuerda la señora Wallace. Iban a llamarla de ese modo durante los añossiguientes. De momento, le preguntaron la edad de su hijo y la fecha en que había desaparecido. Al ver que Hugo Alberto tenía 35 años, y que sólo habían transcurrido unas horas desde la última vez que fue visto, se negaron a tomar el reporte.

La señora Wallace pasó la noche en vela. Indagó en hospitales y delegaciones. No hubo noticias. Por teléfono, localizó a uno de los choferes de Hugo y le preguntósi sabía algo de él. El empleado contestó que no. Desesperada ante la falta de noticias, la señora Wallace le pidió que fuera a la casa de su hijo, ubicada en un condominio horizontal en la calle Galeana número 18, en San Jerónimo. El chofer siguió la orden e informó que la cama estaba intacta. Hugo no había llegado a dormir.

En el buró de la recámara había un celular. Cuando revisó lasllamadas, la señora vio que Hugo Alberto tenía una reserva para el Cinépolis de Perisur. Acudió a ese lugar, pero no encontró nada. Para entonces, la familia entera participaba en la búsqueda.

Uno de los sobrinos de la señora Wallace, Jorge, recordó que su primo había conocido hacía poco a una muchacha, “muy guapa”, con la que estaba saliendo. Luis Alberto, otro de los sobrinos, que en ese momento sehallaba en el extranjero, así como el chofer de Hugo, la conocían. La vieron una noche en que el joven empresario (dedicado a la venta de publicidad) pasó a recogerla a un restaurante de Insurgentes Sur.

“¿Cómo se llama el restaurante?” —le preguntó Jorge al chofer. “No sé —respondió éste—. Pero si usted me lleva en su coche, cuando lo vea lo voy a reconocer”.
Empezaron el recorrido a partir deViaducto. Al llegar a Félix Cuevas, el chofer señaló el Konditori: “Aquí es”. Preguntaron al gerente y a las meseras, pero nadie recordaba a la muchacha blanca, alta, guapa, de buen cuerpo y con el pelo teñido de rubio, que Jorge había descrito.

La posibilidad de que la mujer viviera cerca de ahí los llevó a explorar la zona. En la calle de Carracci esquina con Cerrada de Empresa, en lacolonia Extremadura Insurgentes, encontraron la camioneta del empresario. Jorge se comunicó con su tía para darle la noticia. La señora Wallace se trasladó a Carracci, vio la camioneta abandonada, mal estacionada —“toda chueca”, comenta—, y se puso a llorar: supo que algo había pasado con su hijo.

Un hombre se acercó a ella:
—¿La camioneta es suya? —le preguntó.
—No —le respondió—. Es de mi hijo,¿no lo ha visto?
—No, señora —dijo—. Pero esta camioneta no estaba aquí anoche, sino a la vuelta; cuando llegué, vi que bajaban unas personas de ella, pero no puse atención.

A la vuelta estaba la calle de Perugino. En unos consultorios le preguntó al vigilante por la muchacha que le habían descrito.
—Vive en ese edificio —contestó, sin dudar, el vigilante—, en el número 6, departamento 4....
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