La persona humana como valor

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La persona humana como valor
José Luis Parada*
I. Introducción
La persona jalona la historia de la reflexión del pensamiento occidental en sus diferentes momentos esenciales. Podemos hablar de la persona desde diversas perspectivas. Aquí nos situamos en su dimensión ética.
La persona constituye la última instancia del quehacer ético. Las grandes tradiciones éticas de Occidente hanconfigurado un sistema axiológico en el que el valor del ser humano ocupa el lugar nuclear. De hecho, en la conciencia y en la reflexión de la cultura occidental, la categoría de persona ha posibilitado descubrir valores fundamentales de lo humano: libertad, dignidad, respeto, justicia, igualdad, derecho, solidaridad, paz...
No pretendemos hacer aquí un estudio detallado de esta realidad que llamamos“persona humana”. Únicamente vamos a fijarnos en algunos rasgos más relevantes, y posteriormente deducir algunas conclusiones para la antropología moral. Porque no se puede contemplar la vertiente ética de la persona si no consideramos la dimensión antropológica integral. El “deber ser” corresponde al “ser” de la realidad.
El valor de la persona se encuentra latiendo en muchas posiciones de lospensadores contemporáneos, y alcanza su expresión sistemática en la “corriente humanista”.
A pesar de las diversas apreciaciones antihumanistas, la cultura actual es de signo personalista. Una cultura donde prevalece el perfil ético sobre el metafísico y, en esta “primacía de lo ético”, la persona sobresale sobre cualquier otra valoración.
El valor de la persona constituye la razón de todo discursoético. A los niveles primarios ontológico y existencial, como fuente de significado antropológico que define a la persona, hay que añadir el nivel ético.
Uno de los vectores más decisivos de la reflexión teológico-moral católica de los últimos lustros es haber centrado la Teología moral sobre el valor de la persona. Esta orientación, que podemos considerar dentro del ámbito de los “signos denuestro tiempo”, reafirma la más genuina tradición de la Ética teológica ya que tanto la doctrina del magisterio eclesiástico como la reflexión de los teólogos moralistas destacan el papel fundamental de la persona en el ámbito de la axiología cristiana.
En el cristianismo la persona humana es una palabra creadora de Dios, porque en ella Dios visibiliza su amor. El ser humano no es una sustancia ala cual se añade una relación con Dios, sino que recibe una llamada, es en sí mismo una llamada.
El Concilio Vaticano II marca un momento privilegiado en esta orientación de giro personalista para la moral católica.
Desde el Vaticano II se han realizado grandes aportaciones a la renovación de la ética cristiana. En él se han de destacar algunos documentos que, aunque no son de índole moral, sonaportaciones fundamentales para la reflexión moral: la Lumen Gentium, para la comprensión de una moral de signo eclesial; la Dei Verbum, para fundamentar la moral desde la perspectiva de la Biblia; la Sacrosanctum Concilium donde se resalta la dimensión mistérica y sacramental de la conducta cristiana, y la Gaudium et spes, donde se estudian aspectos concretos de la vida y del comportamiento de loscristianos.
A partir de este acontecimiento eclesial del Concilio Vaticano II, de repercusión universal, se inicia una nueva época en la reflexión moral. Uno de los rasgos que marcan la moral postconciliar ha sido el asumir la realidad de la “persona” y su “dignidad” como valor no negociable en la reflexión ética. Con una fuerte y manifiesta impregnación bíblica, la moral introduce los elementosbíblicos personalistas. Efectivamente, el comportamiento ético se desarrolla en el marco interpersonal: una persona (el ser humano) se coloca en situación de diálogo con otra Persona (Dios). En este contexto dialógico personal no tienen cabida la hipocresía, los escrúpulos, el fariseísmo y el casuismo. Es la moral de la “nueva alianza”, la “moral del diálogo”.
La relevancia del “giro...
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