La poética del cine en horacio quiroga

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La poética del cine en tres de los Cuentos de amor, de locura y de muerte, de Horacio Quiroga
por DIEGO E. SUÁREZ

Junto con la literatura naturalista, la fotografía y el fonógrafo, el cine fue otra respuesta técnica ofrecida para satisfacer el gusto del siglo XIX por el realismo. El filme era una nueva forma de narrar que traía consigo un valor de fuerte impacto en lo futuro: la inmediatez(como sabemos, el tiempo de la historia en el cine es más veloz que el tiempo de la historia en la literatura). Y por si esto fuera poco, el celuloide no sólo confirmaba que una imagen dice más que mil palabras, sino, además, que muchas imágenes secuenciadas pueden más que el literario efecto de lo real. Esta crisis acarreó un alivio muy grande para la literatura de la época, permitiéndole labúsqueda de nuevos horizontes. Ya en la Argentina de principios del siglo XX, el cine era un producto de consumo masivo cuyas secuelas trascendían las salas de proyección, invadiendo las costumbres sociales y la cultura popular. Jorge Rivera dice al respecto: “El mundo del ‘biógrafo’ y las figuras seductoras de las ‘estrellas’ y ‘galanes’ adquirieron por entonces un perfil definido como modelos de vida einclusive como depositarios de la pasión. La literatura no dejó de advertir y anotar esas complejas transacciones entre lo real y lo ficticio”. En el caso de Horacio Quiroga, los puntos de convergencia entre literatura y cine fueron muchos. Entre 1919 y 1922 redactó para las revistas argentinas Caras y Caretas y Atlántida críticas cinematográficas –tarea que abandonó tras la aparición del cinesonoro–, escribió un guión, “La jangada” –una combinación de sus cuentos “Una bofetada” y “Los Mensú”–, e intentó dirigir una película basada en su cuento “La gallina degollada”. La relevancia que da el narrador a los gestos –“la expresividad es el espejo del alma”, dice en alguna parte–, la reminiscencia que trae aparejada la estereotipificación de los personajes, las atmósferas y el exotismoescenográfico, hacen pensar que la literatura y el cine mudo dialogan en su escritura. Aunque, como bien señala Pablo Rocca, las relaciones entre cine y teatro o cine-negocio aparecen en las narraciones de Quiroga en forma habitual desde 1918 (“Miss Dorothy Phillips, mi esposa”, de Anaconda (1921), o “El espectro” de El desierto (1924), “El puritano” y “El vampiro” de Más allá (1935)), el siguientetríptico de microensayos plantea la posibilidad de entrever algunos antecedentes tempranos de la poética del cine en tres de los Cuentos de amor, de locura y de muerte, de 1917.

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Diego E. Suárez / “La poética del cine en tres de los Cuentos de amor, de locura y de muerte de Horacio Quiroga”

PIEDRAS PRECIOSAS / Los ojos en “Una estación de amor”

En un comentario sobre “Miss DorothyPhillips, mi esposa” Carlos Chernov señala lo siguiente: “... Lo que más me llama la atención es la insistencia de Quiroga en el embrujo de los ojos. No ojos para ver sino para ser vistos: piedras preciosas... Quiroga dice: ‘No debe olvidarse que contadísimas veces en la vida nos es dado ver tan de cerca a una mujer como en la pantalla’.” Esta cita es un interesante disparador para buscarle los ojos alos cuentos de Quiroga. En “Una estación de amor”, el primero de los Cuentos de amor, de locura y de muerte, el narrador envuelve la escena en la que Nébel y Lidia se enamoran a primera vista con una atmósfera de ensueño, lograda a partir de una minuciosa descripción:
Nébel fijó entonces atentamente los ojos en la hermosa criatura. Era una chica joven aún, acaso no más de catorce años, pero yanúbil. Tenía bajo el cabello oscuro, un rostro de suprema blancura, de ese mate y raso que es patrimonio exclusivo de los cutis muy finos. Ojos azules, largos, perdiéndose hacia las sienes entre negras pestañas. Tal vez un poco separados, lo que da, bajo una frente tersa, aire de mucha nobleza o de gran terquedad. Pero sus ojos, tal como eran, llenaban aquel semblante en flor con la luz de su...
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