La puerta roja

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  • Publicado : 7 de febrero de 2012
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PrologO
En pantalla aparece una mujer apoltronada sobre un flotador de goma,
con el rostro hacia el sol y las yemas de los dedos correteando sobre el
agua. El flotador tiene forma de donut. Gira en círculos, perezosamente.
La playa sale en el encuadre, a la izquierda. La mujer está embarazada; la
camisa de madras que lleva sobre el bañador no logra ocultar su dilatado
vientre. Levanta lacabeza y mira hacia la cámara, y su boca pronuncia las
palabras: «¡Para!, ¡apaga eso!, ¡mírame!». El cámara se agita,
aparentemente a causa de una carcajada. La mujer entorna los ojos y
tuerce la cintura, un gesto que en el cine mudo denota frustración. Se
dirige al cámara y sin palabras dice: «Hola, Ben», y luego se une a la
carcajada antes de volver a bajar la cabeza y dejarse llevar por lacorriente un rato más.
Esa mujer es mi madre, y el bebé que lleva en su vientre soy yo. Era a
principios de verano de 1971. Naceré un mes después.
Esta breve película de 8 mm (duraba dos o tres minutos, excelentes, por
cierto), era uno de los bienes más preciados de mi madre. Lo guardaba en
una caja amarilla de Kodak que ocultaba debajo de los sujetadores y las
medias, en el cajón superiorde la cómoda, un lugar donde, según ella
creía, a los ladrones nunca se les ocurriría mirar. No es que hubiera
muchos amigos de lo ajeno en nuestra ciudad, y los pocos que ejercían no
estarían muy interesados en viejas películas granuladas de mujeres
embarazadas. Pero mamá estaba convencida de su valor, y no podía
resistir la tentación de sumergir la mano una y otra vez en ese cajón hastapalpar la caja, solo para cerciorarse de que continuaba allí. Cuando llovía,
cargaba con un proyector de cine Bell & Howell de veinte libras y pasaba
la película proyectada en la pared de la sala de estar. Se quedaba de pie
al lado de las imágenes, señalaba su vientre y anunciaba, con vestigios de
un acento bostoniano: «¡Ahí estás, Ben, ahí estás!».
En ocasiones se volvía llorona ymelancólica. Al paso de los años,
debimos de ver ese fragmento de película unas cien veces. Todavía hoy
me sobreviene a la mente, es una sensación muy familiar, mi propia
película Zapruder1. No sé exactamente por qué le gustaba tanto a mi
madre. Supongo que para ella representaba una época de transición, un
momento de equilibrio entre su juventud como mujer y su maternidad.
1 Grabación casera rodadaen 8 mm donde se recoge el momento en que J. F. Kennedy
fue asesinado en Dallas. (N. del T.)
~7~
De todas formas nunca me gustó la película. Hay algo perturbador en
ella. Muestra el mundo ante mí, y también el mundo sin mí, y resulta un
mundo completo. Todavía no existía nada necesario o inevitable sobre mi
creación. Nadie me había conocido, nadie me conoce. No existo. Una
mujer (no merefiero a mi madre, sino a la mujer que se convertiría en mi
madre) agita su mano y me llama por mi nombre, pero ¿a quién se está
dirigiendo en realidad? Me estaba esperando, en todos los sentidos de la
palabra. Pero era una espera frágil. Los acontecimientos se ramifican, se
dividen, se multiplican, y es posible que ella y yo nunca nos encontremos.
¿Y qué pasa con ella? ¿Quién es para mí estamujer extinta? Mi madre no,
desde luego. No hay lugar a dudas. Ella es simplemente una idea, un
pictograma impresionado en la pared de la sala de estar. Ella es mi
concepción. Han pasado trece meses desde que murió mi madre, y no me
he preocupado en comprobar si todavía existe esa pequeña bobina en su
relicario amarillo. Quizá algún día la encuentre, y también el proyector de
cine, y veré lapelícula de nuevo. Y allí estará ella. Joven y risueña, viva y
completa.
Supongo que es un punto tan idóneo como cualquier otro para empezar
esta historia, con esa joven guapa y embarazada en el lago un caluroso
día de verano. Después de todo, no hay un comienzo absoluto para
ninguna historia. Solo existe el momento a partir del cual comienza la
observación.
Otro momento: cinco años y...
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