La rebelión de los dioses

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  • Publicado : 30 de agosto de 2012
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Una rebelión de los dioses
[Cuento. Texto completo]
Ambrose Bierce
Mi padre era desodorizador de perros muertos; mi madre mantenía el único negocio de carne para gatos en mi ciudad natal. No vivían felices: la diferencia de rango social era un abismo que no podía ser salvado por los votos del matrimonio. Era en verdad una alianza incompatible y desafortunada; y como podría haberse previsto,terminó en desastre. Una mañana, después de las habituales riñas del desayuno, mi padre se levantó de la mesa, tembloroso y pálido de ira, y dirigiéndose a la iglesia, azotó al sacerdote que había llevado a cabo la ceremonia matrimonial. El acto fue generalmente condenado y el sentimiento público se alzó tan fuertemente contra el ofensor, que la gente permitiría antes yacer perros muertos en supropiedad hasta que la fragancia fuera ensordecedora, antes que emplearlo; y las autoridades municipales soportaron que un viejo mastín hinchado exhalase desde una plaza pública una emanación tan clamorosa, que los forasteros de paso suponían para sí que se encontraban en las vecindades de un aserradero. Mi padre era verdaderamente impopular. Durante esos oscuros días, el único sostén de la familiaprovenía del emporio de comida para gatos de mi madre.
El negocio era lucrativo. En aquella ciudad, que era la más antigua del mundo, el gato era objeto de veneración. Su culto era la religión de la zona. La suma y multiplicación de gatos era una instrucción aritmética permanente. Naturalmente, el desatender los deseos de un gato era castigado con gran severidad en este mundo y en el otro; por lotanto mi madre contaba con cientos de clientes. Sin embargo, con un esposo improductivo y diecisiete niños, ella tenía algunas dificultades en unir los dos extremos; y al fin la necesidad de incrementar la diferencia entre el precio de costo y el precio de venta de sus mercancías carnales la llevó a un expediente que se revelaría como eminentemente desastroso: concibió la desgraciada idea devengarse rehusándose a vender carne para gatos hasta que el boicot a su marido hubiese terminado.
El día en que puso su resolución en práctica el negocio estaba atestado de clientes excitados y otros se extendían en turbulentas e incansables masas a lo largo de cuatro cuadras, hasta perderse de vista. En el interior no había más que maldiciones, apretones, gritos y amenazas. Se recurrió libremente a laintimidación -varios de mis hermanos y hermanas menores fueron amenazados con ser cortados en pedazos para los gatos-, pero mi madre se mantuvo firme como una roca y aquel fue un oscuro día para Sardasa, la antigua y sagrada ciudad que era el escenario de estos acontecimientos. ¡La huelga fue vigorosamente mantenida, y setecientos cincuenta gatos se acostaron hambrientos!
A la mañana siguientela ciudad se encontró con que durante la noche había sido empapelada con una proclama de la Unión Federada de Viejas Criadas. Esta anciana y poderosa orden afirmaba a través de su Suprema Cabeza Ejecutiva que el boicot a mi padre y la vengativa huelga de mi madre ponían en serio peligro los intereses de la religión. La proclama continuaba puntualizando que si no se tomaban medidas antes delmediodía de la fecha, todas las viejas criadas pararían... y así lo hicieron.
El próximo acto de este infeliz drama fue una insurrección de gatos. Estos sagrados
animales, viendo que habían sido condenados a la inanición, organizaron un mitin masivo y marcharon en procesión a través de las calles, blasfemando y escupiendo como demonios. Esta revuelta de los dioses produjo tal consternación que muchaspersonas piadosas murieron de espanto y todos los negocios debieron cerrar para enterrarlas y promulgar terroríficas resoluciones.
Las cosas iban tan mal como les era posible. Se llevaron a cabo mítines entre los representantes de los intereses hostiles, pero en ellos no se llegó a ningún entendimiento. Cada acuerdo era roto tan pronto como se hacía y cada elemento de la disputa era presentado...
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