La servidumbre voluntaria

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Discurso de la servidumbre voluntaria o el contra uno
Étienne de La Boétie[1]
Orleans (Francia), 1549?.[2]

Discours de la Servitude volontaire
Discourse on Voluntary Servitude

Discurso de la servidumbre voluntaria o el contra uno
1
En tener varios señores no veo ningún bien; que uno, sin más, sea el amo, y que uno sólo sea el rey.
Homero
Esto dice Ulises en Homero (Iliada, LibroII, vs. 204-205), hablando en público. Si no hubiera dicho más que «En tener varios señores no veo ningún bien», estaría tan bien dicho que más no cabría; pero, en este caso, para hablar con razón, él debía decir que la dominación de varios no podía ser buena, puesto que el poder de uno solo, desde el momento que toma este título de amo, es duro e irracional y, no obstante, ha acabado completamenteal revés, afirmando «que uno, sin más, sea el amo, y que uno solo sea el rey.».
Sin embargo, indudablemente hay que excusar a Ulises, el cual en aquella ocasión tuvo necesidad de usar de este lenguaje, y servirse de él, para apaciguar la rebelión del ejército, conformando —creo yo— su expresión más a las circunstancias que a la verdad. Pero, hablando en conciencia, es una desgracia extrema elestar sujeto a un amo del cual no se puede estar nunca seguro que sea bueno, puesto que se encuentra siempre en potencia para ser malvado cuando quiera; y en caso de haber varios amos, es tanto como tener otras tantas posibilidades de ser desgraciado en extremo. Si no quiero discutir en esta ocasión la cuestión tan debatida de si las otras formas de gobierno son mejores que la monarquía, a lo quesí quiero llegar y, aun más, quisiera saber —antes de discutir qué rango debe tener la monarquía entre los gobiernos—, es si debe tener alguno; porque es difícil creer que haya nada de público en este gobierno donde todo es de uno. Pero esta cuestión está reservada a otro momento, y bien exigiría su tratado aparte, o, más bien, arrastraría consigo todas las discusiones políticas.
Por ahora nodeseo sino comprender, si es posible, cómo puede ocurrir que tantos hombres, tantas aldeas, tantas ciudades, tantas naciones, sufran de cuando en cuando un tirano solo, que no tiene más poder que el que se da él mismo, que no tiene más poder que su causar daño y en tanto que aquellos han de querer sufrirle; y que no sabría hacerles mal alguno, sino en tanto en cuanto prefieren mejor sufrirle quecontradecirle.[4] Hecho extraordinario y, sin embargo, tan común —y por esta razón hay que dolerse más y sorprenderse menos— es ver un millón de millones de hombres servir miserablemente, teniendo el cuello bajo el yugo, no constreñidos por una fuerza muy grande, sino en cierto modo (parece) encantados y prendados por el solo nombre de UNO, del cual no deben ni respetar el poder, puesto que está solo,ni amar las cualidades, puesto que es, en su opinión, inhumano y salvaje. Tal es la debilidad de nosotros los hombres: hay a menudo que obedecer a la fuerza, hay necesidad de contemporizar; no se puede ser siempre el más fuerte. Por consiguiente, si una nación es obligada por la fuerza de la guerra a servir a uno, como la ciudad de Atenas a los treinta tiranos, no hay que sorprenderse de quesirva, sino adolecerse de la desgracia; o, más bien, ni sorprenderse ni dolerse, sino llevar pacientemente el mal y reservarse para un porvenir de mejor fortuna.
Nuestra naturaleza es así, y los comunes deberes de la amistad dirigen una buena parte del curso de nuestra vida. Es razonable amar la virtud, estimar las bellas acciones, conocer el bien y de dónde se ha recibido, y disminuir a menudonuestra comodidad para aumentar la dignidad y las prerrogativas de aquel que se ama y se lo merece. Así, por consiguiente, si los habitantes de un país han encontrado algún gran personaje que les haya demostrado un gran interés por guardarles, una gran valentía para defenderles y un gran cuidado para gobernarles; si, de aquí en adelante, se resignan a obedecerle y se confían tanto que le conceden...
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