La sociedad de incomunicados

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  • Publicado : 14 de marzo de 2012
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Quizá uno de los obstáculos más frecuentes a los que se ha enfrentado la idea de lengua internacional, y en particular el esperanto, es el rechazo que siente la gente ante la mera mención delconcepto. Aun después de conocer los argumentos y los hechos que prueban la capacidad del esperanto como forma de comunicación, como lengua expresiva y vehículo literario, la gente se aleja horrorizada porlo que no deja de considerar un sacrilegio.

En nuestra mentalidad está muy arraigado el concepto de la lengua como don divino. En la civilización occidental, la palabra no sólo nos distingue comocriaturas privilegiadas, sino que tiene toda la potencia creadora del universo. El Fiat lux pronunciado al principio del tiempo sigue fascinándonos con su fuerza, imitada en los conjuros de los magos,en los rezos de los creyentes y distorsionada en la voz de los demagogos.

Aun más, Dios mismo confió a Adán la tarea de nombrar a todos los animales “por su propio nombre”, es decir, el apropiado yjusto, no cualquiera decidido a su capricho. De este modo, las palabras no sólo designan, sino que organizan el mundo entero. Incluso, volviendo con el Fiat lux inicial y en tanto que para una personadeterminada sólo existe lo que conoce, las palabras crean, ya que sólo mediante ellas podemos conocer nuestra realidad. En la práctica, pues, nombrar es crear.

¿Cómo es posible, dados esosantecedentes, que alguien pretenda crear un idioma? ¿No constituye un delito de soberbia intelectual tratar de erigirse en creador de una lengua, que en esta concepción teológica equivale a parir de nuevo aluniverso?

Por supuesto, existe una dificultad adicional. Para crear al universo primero es necesario conocerlo. Y en tanto no sepamos qué cosa es el universo, todo intento por nombrarlo seránecesariamente fallido y, en el mejor de los casos, tentativo.

Aquí nos topamos con uno de los problemas favoritos de la filosofía: el del conocimiento, fatigado ya por los presocráticos, desde Zenón...
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