La utilidad y el bien

LA UTILIDAD Y EL BIEN
Robert E. Goodin

 
|Peter Singer (ed.), Compendio de Ética |
|Alianza Editorial, Madrid, 1995 (cap. 20, págs. 337-346) |

 

Normalmente se divide a las teorías éticas en teorías de lo correcto y teorías del bien. Este último estilo de teoría ética, que insiste en que deben fomentarelas consecuencias buenas, necesita obviamente una teoría del bien para decir qué consecuencias son buenas y han de ser fomentadas y cuáles no. Pero incluso el primer estilo de teoría ética constata en ocasiones la necesidad de una teoría del bien, si no más que para detallar el «deber de beneficencia» que normalmente incluye entre las «cosas correctas» a realizar: obviamente, necesitaremos unateoría del bien que nos diga cómo hemos de aplicar exactamente ese deber de hacer el bien a los demás. Así pues, sea cual sea la posición ética básica de uno, parece indispensable una teoría del bien.
Sin embargo, como es natural hay mucho menos acuerdo acerca del contenido y el origen de una teoría del bien que sobre nuestra necesidad de semejante teoría. Incluso un mundo extraordinariamente feo-dirían algunos- puede mostrar algún tipo de excelencia. Además, y ante todo, la mayoría de las teorías del bien parecen apelar en última instancia a normas de bondad similares en términos generales. En definitiva la mayoría de ellas recurren a un principio más o menos aristotélico que analiza la excelencia en términos de una rica complejidad que se ha integrado de alguna forma con más o menoséxito. El bien, se dice normalmente, consiste en lo esencial en la unidad orgánica de un todo complejo.
Sin embargo, este argumento entra básicamente en el campo de la estética. La cuestión esencial es la de si en realidad una teoría semejante puede realizar efectivamente la labor reservada a ella en nuestras teorías éticas. Allí donde nuestra ética precisa una teoría del bien, ¿es éste el tipo decomponente que podemos introducir plausiblemente para colmar la laguna?
Creemos que no. La ética no es estética, y punto. Podemos tener el deber, entre muchos otros de nuestros deberes, de fomentar la verdad y la belleza, como fines en si mismos e incluso si esa búsqueda no causa bien a nadie. La última persona de la tierra puede muy bien tener el deber de no destruirlo todo cuando muera, aun cuandoal hacerlo no se resintiese el bien de nadie. Pero la ética no trata de manera primordial de fomentar las cosas que son buenas en sí mismas sin ser buenas para nadie.
La ética es una teoría de las relaciones sociales. Los mandatos de la ética son principalmente mandatos de hacer el bien a las personas, y quizás más en general a los seres sensibles. Henry Sidgwick puede haber exagerado alpreguntarse retóricamente en sus Methods of Ethics si en realidad algo puede ser bueno si carece de efectos -directos o indirectos, reales o potenciales- sobre el estado consciente de un ser cualquiera. Quizás podemos idear ejemplos desfigurados para mostrar que algunas cosas semejantes son buenas, en ese sentido más abstracto. Pero nuestro deber de fomentar ese bien estaría seriamente mitigado porsemejantes distorsiones e invenciones. Forzada a elegir entre un bien que es bueno para alguien y un bien que para nadie es bueno, la moralidad nos llevaría casi invariablemente a preferir el primero al último.
Aquí radica el gran atractivo del utilitarismo, la teoría del bien utilizada habitualmente para dar contenido al marco consecuencialista más amplio. Hay un sentido del «utilitarismo», asociado aarquitectos y ebanistas, que lo identifica con lo «funcional» y lo convierte en el enemigo de lo excelente y de lo bello. Sin embargo ahí radica una de las grandes ventajas del utilitarismo como teoría del bien: al juzgar todo por las preferencias e intereses generales de la gente, no se compromete entre diversas teorías más específicas del bien que puedan suscribir las personas, y está por...
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