Letyras de barro cuentos huancavelicanos

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CUAL AVE FENIX (*)

En el río de Mantaro
tengo un puquial cristalino,
donde se lava mi yana ñahui
sus cabellos de oro fino.

(Huayno popular del valle Wanka)

I

Estoy triste y tengo ganas de llorar. Días como éstos me ponen así. Sensible. Sentimental. Y con ganas de contar mis secretos. Mis más recónditos secretos.

Mi vida es un cúmulo de episodios que han durado minutos y horas,días y años. Mi vida es la historia de una lucha incesante por no morir. Una lid cotidiana a cuenta del futuro de los hombres. Porque sé que cuando yo haya muerto nunca agradecerán lo que hice por ellos. Porque no lo hacen hoy, que aún estoy vivo.

Un día creyeron matarme y dejaron que mi cuerpo se perdiera en la bruma húmeda y el lecho pedregoso de un espacio sin tiempo. Sombras revueltas enun frenesí animal me apuñalaron arteramente. Seres monstruosos disfrazados de hombres se turnaron para darme el golpe fatal. Gritos salvajes y aullidos de bestias exhaladas por turbas angurrientas embarraron con sangre sus conciencias a cambio del ruin oro. Silenciosas montañas, de cuyas ubres hasta hoy me alimento, atestiguaron el sangriento delito cual padres que asisten impávidos al supliciodel hijo amado. Esos fueron mis victimarios. Ese fue el escenario del crimen.

Sin embargo, no pudieron matarme…

Desde entonces y desgarrado por la ambición de mis victimarios tengo el cuerpo descarnado y el alma sombría. Y a pesar que la memoria de las gentes me sentenció al olvido, me hice hermano de la tierra y vivo abrazado a su generosidad. Vivo en medio de mis amigos los gusanos, lospájaros y la lluvia. Del sol y el aire fresco..

Pero, heme aquí, para contar mi vida y no mi agonía. Porque ni los golpes, ni el dolor, ni la tribulación importan. Solo escúchame. Sorpréndete.

II

Años ha, en tiempos que se pierden en mi memoria fui feliz. Mi ventura transcurrió entre atardeceres de prosperidad y amaneceres de bienestar. Pintábamos sueños de amapolas con aroma a retama enel vientre satisfecho de nuestros hijos. Fui feliz en mi infatigable recorrido por este valle Wanka, imaginando cometas, estrellas y un millón de luces celestiales. Fui feliz abrazado a mi alegría y al viento escarlata.

En esos tiempos, conocí la risa vivaz y los pies descalzos de agraciadas hembras de senos turgentes y caderas oscilantes que cada mañana se solazaban peinando sus largascabelleras frente a mí, sin sonrojos ni turbaciones, provocando que mi reacción viril las sedujera. Supe de cautivantes muchachas con faldas que cubrían los pechos de la tierra, que cargando sus porongos vacios me pedían agua para saciar su sed y romanzas para satisfacer sus almas.

También conocí a Emiliano Alanya. El viejo Imico. De límpidos ojos y noble corazón. Hermano del sol y la lluvia y amigode infatigables horas de trabajo.

Imico labraba en su pequeña chacra ora erguido agradeciendo a Dios, ora agachado besando la tierra sagrada. A él, a sus hijos y a los hijos de sus hijos les ayudé en su diaria labor agrícola. Les enseñé a producir el pan de su sustento. Les regué sus chacras con agua pura y cristalina que brotaba de lo más recóndito de mi naturaleza. Les enseñé a enterrar lapapa bendita y el maíz sagrado en las mismísimas entrañas de la Pachamama, como permanente ofrenda de amor a la madre tierra. Y al final de la jornada, cosechábamos el fruto de nuestros esfuerzos y lo disfrutábamos comiendo la sabrosa pachamanca con su chicha de jora hasta embriagarnos de amor y alegría. En fin… éramos felices hasta el hartazgo.

Buena debe haber sido mi faena. NemesioChuquillanqui, Pedro Castro, Juan Canchapoma, Eliseo Poma, sus esposas, sus hijos y los hijos de sus hijos también me pidieron que les regara sus tierras. Y yo, presto irrigué sus campos con el líquido vital hasta hacerla parir sonrisas de trigo y maíz. En esos tiempos sembrábamos alegrías y cosechábamos abundancias. La alegría del valle del Mantaro era de color verde. El entusiasmo de sus hombres de un...
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