Cuentos de barro

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  • Publicado : 13 de mayo de 2011
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Era pálida como la hoja-mariposa; bonita y triste como la virgen de palo que hace con las manos el bendito; sus ojos eran como dos grandes lágrimas congeladas; su boca, como no se había hecho para el beso, no tenía labios, era una boca para llorar; sobre los hombros cargaba una joroba que terminaba en punto

Tranquera
Como el alfarero de Ilobasco modela sus muñecos de barro: sus viejos decabeza temblona, sus
jarritos, sus molenderas, sus gallos de pitiyo, sus chivos patas de clavo, sus indios cacaxteros y en fin, sus
batidores panzudos; así, con las manos untadas de realismo; con toscas manotadas y uno que otro sobón
rítmico, he modelado mis Cuentos de Barro.
Después de la hornada, los más rebeldes salieron con pedazos un tanto crudos; uno que otro se
descantilló; éste saliómedio rajado y aquél boliado dialtiro; dos o tres se hicieron chingastes. Pobrecitos
mis cuentos de barro... Nada son entre los miles de cuentos bellos que brotan día a día; por no estar
hechos en torno, van deformes, toscos, viciados; porque, ¿qué saben los nervios de línea pura, de curva
armónica? ¿Qué sabe el rojizo tinte de la tierra quemada de lakas y barnices?; y el palito rayador, ¿qué
sabede las habilidades del buril?... Pero del barro del alma están hechos; y donde se sacó el material un
hoyito queda, que los inviernos interiores han llenado de melancolía. Un vacío queda allí donde
arrancamos para dar, y ese vacío sangra satisfacción y buena voluntad.
Allí va esa hornada de cuenteretes, medio crudos por falta de leña: el sol se encargará de irlos
tostando.
La botija
JoséPashaca era un cuerpo tirado en un cuero; el cuero era un cuero tirado en un rancho; el rancho
era un rancho tirado en una ladera.
Petrona Pulunto era la nana de aquella boca:
—¡Hijo: abrí los ojos; ya hasta la color de que los tenés se me olvidó!
José Pashaca pujaba, y a lo mucho encogía la pata.
—¿Qué quiere, mama?
—¡Qués nicesario que tioficiés en algo, ya tas indio entero!
—¡Agüén!...Algo se regeneró el holgazán: de dormir pasó a estar triste, bostezando.
Un día entró Ulogío Isho con un cuenterete. Era un como sapo de piedra, que se había hallado
arando. Tenía el sapo un collar de pelotitas y tres hoyos: uno en la boca y dos en los ojos.
—¡Qué feyo este baboso! —llegó diciendo. Se carcajeaba—; ¡meramente el tuerto Cande!...
Y lo dejó, para que jugaran los cipotes de la MaríaElena.
Pero a los dos días llegó el anciano Bashuto, y en viendo el sapo dijo:
—Estas cositas son obra denantes, de los agüelos de nosotros. En las aradas se incuentran
catizumbadas. También se hallan botijas llenas dioro.
José Pashaca se dignó arrugar el pellejo que tenía entre los ojos, allí donde los demás llevan la
frente.
—¿Cómo es eso, ño Bashuto?
Bashuto se desprendió del puro, ytiró por un lado una escupida grande como un caite, y así sonora.
—Cuestiones de la suerte, hombre. Vos vas arando y ¡plosh!, derrepente pegás en la huaca, y
yastuvo; tihacés de plata.
—¡Achís!, ¿en veras, ño Bashuto?
—¡Comolóis!
Bashuto se prendió al puro con toda la fuerza de sus arrugas, y se fue en humo. Enseguiditas contó
mil hallazgos de botijas, todos los cuales "él bía prisenciado conestos ojos". Cuando se fue, se fue sin
darse cuenta de que, de lo dicho, dejaba las cáscaras.
Como en esos días se murió la Petrona Pulunto, José levantó la boca y la llevó caminando por la
vecindad, sin resultados nutritivos. Comió majonchos robados, y se decidió a buscar botijas. Para ello, se
puso a la cola de un arado y empujó. Tras la reja iban arando sus ojos. Y así fue como José Pashacallegó
a ser el indio más holgazán y a la vez el más laborioso de todos los del lugar. Trabajaba sin trabajar —por
lo menos sin darse cuenta— y trabajaba tanto, que las horas coloradas le hallaban siempre sudoroso, con
la mano en la mancera y los ojos en el surco.
Piojo de las lomas, caspeaba ávido la tierra negra, siempre mirando al suelo con tanta atención, que
parecía como si entre los...
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