Libro el cordon de la campanilla

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EL CORDON DE LA CAMPANILLA
Una fría madrugada del invierno de 1897 me desperté sobresaltado al sentir una mano en le hombro. Me restregué los ojos y vi a Holmes completamente vestido.
-Vamos, Watson. ¡Arriba! No hay tiempo que perder. Vestíos corriendo.
Diez minutos después, metidos en un coche atravesamos las calles silenciosas en dirección de la estación de Charing Cross.
Holmes,embutido hasta las orejasen su abrigo de pieles, permanecía callado; yo frente a el, respetaba su silencio y procuraba, como el, defenderme contra el frio intenso.
Por fin, después de avernos reanimado con una taza de te y cómodamente instalados en un bagon de ferrocarril de Kent, Holmes empezó a explicarme el porqué de esa marcha tan repentina.
Primero saco una carta del bolsillo y meleyó en voz alta lo siguiente:
“Abadia de marsham, kent.
“querido señor Holmes: os agradecería con toda mi alma que os dignaseis ayudarme en un asunto que le sale de lo vulgar y ordenario para entrar de lleno en vuestra especialidad. Me he limitado a libertara la mujer , dejando todo lo demás tal como lo he encontrado. Os ruego que en caso de acceder ami suplica, vengáis lo mas prontoposible, porque no puedo esperar mucho tiempo al cadáver de sir Brackeustall.
“siempre vuestro,
“Stanley Hopkins”.
(A las tres y treinta de la mañana de hoy.)
-amigo Watson-dijo Holmes -,hablemos del crimen.
-¿qreis que realmente alla muerto ese sir Brackeustall?-pregunte .
-bien claro lo dice Hopkins. además el asunto debe merecer la pena de que ocupemos de él, pues la cata deHopkins revela una gran emoción . por fortuna, ha tenido el talento de no tocar nada , y esto facilitara nuestra tarea de buscar al autor.
-¿y si ha sido un suicidio?
-No lo creo, ese genero de muerte se conoce enseguida. También me dice que ha puesto libertad a la mujer , y esto indica que debía estar encerrada en algún sitio durante el drama. Me parece que se nos prepara un dia muyinteresante.
Bajamos del tren; y después de una larga caminata a través de caminos estrechos llegamos delante de una verja. En la puerta principalse destacaba la silueta del inspector Stanley Hopkins.
Al vernos llegar acorto la distancia viniendo hacia nosotros y nos estrecho las manos.
-¡Cuánto os agradesco que hayais venido, señores! Sin embargo, si hubiese tardado un poco mas enescribir la carta, tal vez no lo hubiera hecho. La señora ha recobrado el conocimiento, y me ha explicado lo ocurrido con tal lujo de detalles que el asunto ha perdido el interés y el misterio de los primeros momentos . ¿Os acordais de los bandidos deLewisham?
-¿Los tres Randalls?
-justamente. El padre y los dos hijos. Ellos son los autores del crimen. Hace quince días cometieron otro ensydenham y lograron escaparse. Por eso os decía que el asunto ha perdido todo el encanto que tenia antes .
-¿y que?, ¿ha muerto sir Eustaquio Brackeustall?
-si, tiene la cabeza destrozada con unas tenazas de chimenea.
-¿y su mujer?
-esta en su tocador. ¡pobre lady brackeustall! Ha sido un golpe terrible para ella. Yo creo debais verla y oir sus mismos labios el relato de los hechos.Holmes asintió con la cabeza.
-cuando queráis- dijo.
-ahora mismo. Voy a pasar delante para enseñarnos el camino.
Pocas veces he visto una mujer tan hermosa y distinguida como lady brackeustall. Era alta, rubia, con cabellos de oro y ojos azules como el cielo. Cuando entramos en el tocador estaba tendida en el sofá , y una doncella le lavaba con agua tibia una gran equimosis que teniaen el ojo derecho.
La doncella se puso de pie. Y entonces pudimos ver claramente el cuerpo escultural de lady Brackeustall, envuelto en una amplia bata azul.
-¿otra vez, señor Hopkin? –dijo con voz simpática, musical. Ya os he dicho todo cuanto se. Hopkins se inclino respetuosamente.
-si; pero os agradecería que tuvierais la bondad de repetírselo a estos señores. Ella hizo un gesto...
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