Libro el misterio de velazquez

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PARALELO CERO

Equipo asesor: J. A. Rivera L Timón C. Pallares

Producción editorial: /. Valdepeñas Diseño: E. Rebull Cubierta: J. F. Parreño

índice
Primera parte. La luz de Madrid Capítulo primero Capítulo segundo Capítulo tercero Capítulo cuarto Capítulo quinto Segunda parte: Una oscura presencia Capítulo sexto Capítulo séptimo Capítulo octavo Capítulo noveno Capítulo décimo Capítuloundécimo Capítulo duodécimo Capítulo decimotercero Capítulo decimocuarto Capítulo decimoquinto Tercera parte: Una cruz para el diablo Capítulo decimosexto Capítulo decimoséptimo Capítulo decimoctavo Capítulo decimonoveno Capítulo vigésimo Capítulo vigésimo primero Capítulo vigésimo segundo Capítulo vigésimo tercero Epílogo índice onomástico 9 1 1 1927 33' 39 45 47 5359 65 71 75 83 93 99 103 107109 113 121 125 129 135 139 143 147 149

PARALELO CERO

Obra galardonada con el Premio Lazarillo 1997

El

misterio Velazquez
Eliacer Cansino

Para Eliacer, Angela y María José.

«Entre un problema y un misterio hay esta diferencia: que un problema es algo que encuentro, que hallo todo entero delante de mí, pero que, por eso mismo, puedo rodear y reducir, mientras que un misterio esalgo en lo que yo mismo estoy comprometido.»
Gabriel MARCEL

Primera parte: La luz de Madrid

Capítulo primero

A, cuando miro la cruz del pergamino que AHORA,
longo guardado en la gaveta de mi escritorio, pienso que no he podido vivir esta aventura extraña y misteriosa. A veces me desvelo en las noches pensando que algo va a sucederme y, asustado, me salgo al balcón para mirar el cielo,esperando ver en él alguna señal que me consuele. Pero el cielo permanece en silencio, por más que yo ponga todo mi sentido en descifrar sus luces. Mi amigo Juan Pareja me dice que olvide todo lo que me ha ocurrido, que él mismo se ha prometido no hablar de ello aunque le torturen, y que por nada del mundo, vea lo que vea y oiga lo que oiga, vuelva a hablar de lo que hicimos aquella noche. Peroyo no puedo evitarlo, pues desde hace unos días siento en mí una extraña clarividencia, la sensación cierta di' que algo me ha hecho crecer más alto de lo que nadie pueda pensar al ver mi figura. Por eso me he propuesto

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contar aquellos sucesos ayudado de estos «cuadernitos de memoria», por si la fortuna quiere que algún día alguien los lea. Y para que todos sepan que Nicolás Pertusato noera sólo el que ven. Quizá deba decir que nací en Alessandría de la Palla en 1643 o 1644. La incertidumbre sobre mi propio nacimiento se debe a la perniciosa manía de mi padre de querer ocultar mi verdadera edad, y a la confusión que creó en torno a los que podrían saberlo. Llegué a España hace ya once años, pero cuando miro hacia atrás me parece que hubiera pasado un siglo. Apenas recuerdo nadade mis primeros años; sé que mi madre perdió su vida al darme la mía, y también que mi padre debió de ver en mí la causa de esa desgracia. Difícilmente puedo recordar su rostro; sí, en cambio, el de Marina, la mujer que me cuidó en aquellos días. Un sentimiento vago y diversas escenas que yo ordeno y desordeno con el pincel de la imaginación constituyen la sustancia de aquel tiempo. Sólo creo serfiel cuando recuerdo la mañana en que el destino comenzó a dirigir mi vida. Esta idea de que algo o alguien, sin mi voluntad, me lleva y me trae, ha encontrado tal eco en mi ánimo que hoy me es difícil desecharla. Pero entonces no lo pensaba. Ni podía pensarlo cuando me asomé al balcón y vi cruzar el patio de la casa a un desconocido que me hizo reír por la extravagancia de su casaca, y quemomentos después supe que venía a llevarme para siempre. Marina gritó desde el fondo de la casa, mientras yo me esforzaba en contener la risa al ver al presumido arreglando su pañuelo en el reflejo de un cristal: -¡Nicolino, los zuecos! «¡Los zuecos!», pensé con horror. Odiaba los zuecos. Marina me llevaba todas las tardes al jardín a ejercitarme

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con ellos. Mi padre se los había mandado hacer...
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