Los baños de celeste

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  • Publicado : 12 de marzo de 2011
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Los baños de Celeste
Por: Alejandro Aura
Pero alguna parte de mi corazón permanece intacta.
.Me pusieron a cuidarla porque de otro modo ya no se quería bañar, con la manía de que mientras se bañara alguien iba a entrar a matarla. Aprovechando el ruido de la regadera y el momentos crudelísimo en que ella tuviera jabón cerca de sus grandes ojos cerrados, el criminal asestaría el golpe asoladordel destino señalado y temido en la imaginación de mi tía Celeste.
La primera medida que tomó contra lo inevitable fue echar llave a la puerta, pero luego pensó que con una ganzúa, alcahueteada por el ruido del agua cayendo sobrre sus cabellos largos se podría dar fácil entrada a la fatalidad; entonces cerro también con llave la puerta de la recámara pero el problema seguía presente y aun agravadocon la consideración de que el asesino, que bien podía entrar por la ventana, tendría más libertad para operar con la ganzúa desde la recámara cerrada y acechar el momento preciso para entrar al baño y hacer correr la roja y viva sangre de mi tía Celeste que se iría quedando poco a poco pálida, como de cera, muda, como de cera. Mandó luego construir una celosía con un sistema sensible de alarmasluminosas en el pequeño pasillos que va de la estancia a su recámara. Al principio tomábamos muy en cuenta la celosía pero al poco tiempo, cuando se volvió para nosotros un acostumbrado objeto de decoración, hubo que forzar varias veces la puerta para apaciguar los gritos que pegaba mi tía, sintiendo al apagarse y encenderse los innumerables foquitos de la alarma puesta a funcionar por un descuidode cualquiera de nosotros, cómo la fría mano asesina resbalaba por la espalda, rodeada de delgada cintura, se escurría lasciva por los muslos, las piernas, los tobillos, los mosaicos, la coladera completamente líquida, como la voz de Dios.
Y no quiero enumerar, por abundantes, todas las medidas previsorias que tomó mi tía para librarse de morir terriblemente acuchillada.
Un día nos pidió que,mientras se bañaba, desalojáramos del todo la casa, y cerrada con llave, la rodeáramos para impedir la entrada del inminente matador que solía adquirir diferentes aspectos en la imaginación de mi tía Celeste, según las nuevas conquistas que hacía en el terreno de las enemistades. Una veces eran mujeres feas que la perseguían con saña, cuchileadas por el despecho de los hombres que se rendían a lainsondable belleza de mi tía y a los que ella negaba sistemáticamente sus favores esperando una especie de deidad viril que, llegado el tiempo, habría de tomar sus derechos en la graciosa persona de mi tía Celeste conservada en el pleno de su madurez como virgen intacta; otras veces eran competidores envidiosos de alguna metáfora redonda y echada a volar en el vuelo requerido en tal o cual poema delos muchos que ella publicaba, y otras veces, quimeras de distintas formas, ardidas porque sabían menos que mi tía acerca de lo fatal y lo posible.
Aceptamos rodear la casa en una ocasión y sólo por condescender y en cierto modo divertirnos, pero la segunda vez que nos lo pidió, decidimos hacer una reunión familiar para discutir ampliamente los baños de Celeste y tomar una determinacióndefinitiva respecto a lo que se haría en el futuro.
Mi tía llego a la casa cuando yo era todavía pequeño; tendría ella trece o catorce años y yo seis o siete y la recuerdo como la encarnación misma de la belleza. Celeste tenía el andar ligero y plácido, como si llevara un cántaro en la cabeza; durante ciertas horas del día, Celeste bordaba, en sueños, rosetas en la tela de mi alma. Celeste.
Era lahermana menor de mi padre, al que no tuve la dicha de conocer, y hacía desde entonces vida independiente y libre, con tal discreción que a través de los años llegamos a enterarnos de sus actividades por los comentaristas literarios de los periódicos que por su propia, delicada boca.
En noviembre de ese año, cuando cumplí los dieciocho, tuvo mi tía el primer gesto amistoso para conmigo: me obsequió...
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