Mexcio

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Desde sus soledades de prisionero, Madero escribía el Plan de San Luis. El texto del documento sólo se conoció cuando ya estuvo él a salvo en los Estados Unidos, pero se sabían sus lineamientos: desconocimiento del régimen porfiriano; convocatoria del pueblo a las armas; restablecimiento de las libertades públicas de acuerdo con la Constitución; libertad a las masas obreras para organizarse;libertad electoral; libertad de prensa; redención popular por el trabajo y la cultura.

No era Madero un político de oficio ni un demagogo. Su ideología iba más allá de sus planes. Lo sostenía la convicción de que es el ideal una fuerza que acelera el progreso si encarna en hombres despejados, resueltos y honestos. No era anticlerical ni jacobino y sí liberal tolerante con programa agrario. Creía enel poder del espíritu sobre el complejo de las cosas y los sucesos. Era, en suma, una de esas figuras llamadas a forjar la historia, en vez de seguir sus vericuetos oscuros.

José Vasconcelos

Lentamente se había ido planteando una lucha doctrinaria dramática. Los porfiristas, cultos y escépticos, se afirmaban en la tesis de Bulnes: un pueblo de mestizos, ya lo había dicho Spencer, unagregado de half breeds, no podía aspirar a nada mejor que el tirano benévolo. Del otro lado estaban los hechos patentes en la región fronteriza. Los mexicanos de Texas, no obstante su atraso técnico, en relación con el yanqui, gracias a las libertades yanquis, se regían por sí solos y prosperaban. En artículos y polémicas echábamos mano también de argumentos arrancados a la experiencia histórica. Ningúnpueblo escapaba al cargo de incultura, ineptitud y atraso. La misma Grecia de la época clásica, tuvo mayoría de analfabetos y de esclavos. Y fue un asco la Inglaterra de Enrique VIII. Sin embargo, una minoría idealista puede en cualquier instante levantar el nivel de un pueblo: la dictadura, jamás. Era menester osar. No hay peor cobarde que el cobarde del ideal. Si los políticos griegos sehubiesen dicho: “El pueblo corrompido sólo merece látigo”, no se habrían construido Atenas ni Esparta, y Grecia sería otra Persia. El pueblo francés, pobre, inculto, analfabeto, hizo la revolución, consolidó los derechos del hombre, preparó con la libertad las bases de una inmensa cultura.

A la tesis de que el indio es una carga, oponíamos el hecho de que el indio clavó los rieles del ferrocarril ypoco a poco, por su tenacidad y su ingenio, sin ayuda oficial, aprendió la técnica y logró manejar las vías férreas.

No estábamos ante un problema de intelectualidad sino de honradez. Una nación entera se había ido desarrollando en la paz, prosperando por su trabajo, ilustrándose con los ejemplos del mundo civilizado. Dentro del mismo gobierno, los pequeños funcionarios eran modelo de asiduidaden la tarea, honestidad en la vida, patriotismo en la intención. Era natural, pues, que su conciencia chocase con el robo y el negocio de los favoritos, con el atropello y la brutalidad de los caciques locales amparados por el Dictador. Polizontes, coroneles y matarifes oprimían anacrónicamente a una sociedad que los aventajaba. En rigor, la protesta maderista no era nueva. Cada una de las cinco oseis reelecciones había dejado cauda de mártires.

Ahora ya no sería ocasional la protesta. Un sordo movimiento de opinión empezaba a manifestarse. Por todas partes, los colegios vencían al cuartel y la población urbana se imponían a la barbarie de los campos, almácigo de militarismos y bandidajes.

Con todo, en vísperas de la acción decisiva, se multiplicaban las deserciones. Los antiguosreyistas se habían rendido y andaban buscando acomodo. Algunos independientes, Luis Cabrera, por ejemplo, preferían volver a la vida privada y se negaban a seguirnos en la aventura rebelde. Pesaba demasiado el precedente. Cada reelección servía para deshacer a los obstinados. Se creía en la eficacia irresistible del ejército. El más turbio escepticismo minaba la conciencia de nuestra generación....
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