Mexico ante dios

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En tiempos de las bárbaras legiones, de lo alto de las cruces colgaban a los ladrones… Hoy, en pleno siglo del progreso y de las luces, del pecho de los ladrones cuelgan las cruces. ANÓNIMO

México ante Dios
Capítulo 1. El Imperio de las Almas
¿A qué derecho te atienes para defender las propiedades de la iglesia, al divino o al humano? SAN AGUSTÍN Nada propio posee la iglesia, salvo la fe.SAN AMBROSIO
UN AUTO DE FE

Las cenizas para el próximo miércoles.

Porfirio Díaz y el arzobispo Labastida y Dávalos queman la Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma. Vienen en camino carretas del Estado de México, de Puebla y de Durango con más material para la pira. Anónimo, El Hijo del Ahuizote, febrero de 1888. Algunas fuentes citan a Ponciano Prieto como el autor de esta caricatura. Francisco Martín Moreno
—Tú… Sí, tú, como sea que te llames, quien quiera que seas, por amor al Cielo acerca tu oído a mi boca… No me dejes morir sin contarle la verdad a alguien —suplicó aquel viejo de enormes barbas cenizas y cabellera larga alrededor del cráneo calvo de toda una vida. El anciano permanecía acostado, cubierto por unos harapos ahora irreconocibles si se les comparaba con eltraje claro, el corbatín negro y la camisa blanca, la indumentaria con la que había ingresado meses atrás en una de las mazmorras salitrosas de la fortaleza de San Juan de Ulúa, en el corazón del puerto de Veracruz. Una tenue línea de luz blanca se filtraba con dificultad por la parte inferior de la puerta de hierro oxidada y, al romper la cerrada oscuridad de la celda, me permitía ver las pequeñassiluetas de múltiples roedores siempre inquietos, huidizos, pero al fin y al cabo nuestra leal y constante compañía de día y de noche. —Ven, ven, que me muero —insistía el vejezuelo con un hilo de voz decrépita. Expiraba. Sus lamentos me habían arrebatado el sueño. —¿Por qué, por qué despertar…? —suplicaba yo con los ojos crispados como si elevara una sentida plegaria. ¿Quién resiste estanauseabunda realidad de la que sólo es posible escapar al dormir, al enloquecer o al morir? Tres paraísos, hermosos paraísos de la insensibilidad. Si llegara a perder la razón mi mente dejaría de torturarme con el recuerdo de mi arresto cuando, apenas anteayer, la policía porfiriana me arrancó de mi familia a media noche para venir a aventarme en esta pocilga pestilente y asfixiante, en donde la oscuridad meimpide ver mis propias manos por más que me las acerque al rostro. Nunca olvidaré cómo, al hacerme entrar a empujones en la asquerosa tinaja, las ratas empezaron a trepar golosas, tal vez juguetonas, por mis pantalones. Creí perder la razón entre gritos ahogados de terror y movimientos de repulsión. Me sacudí como pude a esos asquerosos animales dispuestos a devorar cuanto encontraran a su paso:carne, tela, pelo, uñas y detritus. Toda invocación fue inútil. La vida había sido muy generosa conmigo, pues nunca antes de este fúnebre año de 1891 me había obligado a asomarme por una de las ventanas del infierno. Ningún crimen puede justificar un castigo tan devastador y perverso. Cuando los agentes corrieron un largo cerrojo y colocaron un candado cubierto de herrumbre, al tiempo que el horrorse apoderaba de mí en el interior fétido y vomitivo del calabozo, dimensioné los alcances de mis enemigos, el apetito de venganza de mis verdugos, los esbirros del dictador Díaz, quienes me condenaban, sin posibilidad alguna de defensa, a una lenta agonía. “¡Oh vosotros, los que entráis, abandonad toda esperanza!”, rezaba un texto a la entrada del infierno, según Dante. Lo último que escuché aquellamañana aciaga, cuando las pisadas de mis captores se perdían, entre carcajadas, a lo largo de los pasillos arenosos de Ulúa fue un “¡Ya cállate, pinche mariquita! ¿No quesque eras muy machito pa’ criticar a don Porfirio…? ¡Ahora te chingas, cabrón!” —Ven, ven, acércate. Nadie sabe lo que voy a decirte, por todos los santos:
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