No hay primera sin segunda

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Yo no fui

Cuando Alberto entró a la habitación, Daniela aún se estaba vistiendo, Alberto quedó perplejo ante aquella mujer, una gota de sudor caía por su frente ladeando que dibujaba su ceja derecha. Daniela no había sentido el ruido de la puerta al abrirse, esta subiéndose el cierre de una pequeña falda oscura que se había comprado aquel sábado.

Alberto aún seguía parado frente a ella,viendo el quiebre de una espalda tan espléndida como ella misma. Ella veía por la ventana el tejado de en frente mientras cumplía con su ritual; en tanto, él la había trasladado a la cubierta del lecho, la veía desnuda, con las piernas en “V”, esperándolo.

De pronto una voz rompió con su candente imaginación que ya iba para más.

-¡Alberto!- llamó Luisa- ¿Ya está lista Daniela?

En eseinstante, Alberto tuvo un sobresalto ante aquella voz que apenas llegaba a la puerta del cuarto, salió en silencio de la habitación de Daniela y cerró la puerta sin la precaución que había tomado para entrar y salir.

Daniela alcanzó a oír el ruido de la puerta al cerrarse y se cubrió instintivamente los senos de melón que aún estaban respirando del ambiente. No había alcanzado a ver quién habíainvadido su intimidad segundos antes, terminó de arreglarse y salió de su habitación con rumbo a la sala principal.

-¿Quién ha entrado a mi cuarto?- pensaba mientras se acercaba a la sala, en donde la esperaban su hermana, su primo y un grupo de amigos de Luisa.

Al llegar a la sala principal, empezó a saludar a cada uno de los amigos de Luisa, paseaba su mirada por todos aquellos rostros a quieneshabía tenido en espera; intrigada y sintiendo los escalofríos de una joven en su primera noche de placer, bordeaba con su mirada a todas las personas que se encontraban ahí. Aún tenía veintidós años y tantas ansias de amar y ser amada, pero no podía evitar sentir vergüenza, alguien la había visto cambiándose.

-¿Tanto te has demorado?- preguntó Luisa al entrar a la sala y ver a Daniela.-Discúlpame-respondió Daniela. De pronto notó algo raro en su primo, transpiraba y respiraba un poco agitado. ¿Qué pasa Alberto, estás bien?- inquirió.

- Sí, no te preocupes, sólo tengo un poco de calor- respondió Alberto.

- ¡Ya, apúrense!, ya hemos perdido mucho tiempo por tu culpa- dijo con actitud de enfado Luisa- Alberto fue a llamarte a tu cuarto y aún así demoraste. Suban al carro- dijodirigiendo su mirada mirando a sus amigos de la universidad.

Daniela acababa de descubrir quién había entrado a su cuarto y seguramente la había estado observando cuando ella se vestía, pensaba que él había entrado cuando ella empezaba a ponerse la primera prenda; ella acostumbraba a vestirse parada, dando la espalda a la puerta y mirando por su ventana un tejado del siglo XII que se lepresentaba en la casa del frente.

En ese momento todos los invitados de Luisa salían de la gran habitación con destino al auto que los esperaba frente a la casa. Alberto al sentirse observado y descubierto por Daniela fue el primero en salir y tomar su ubicación en el auto de Luisa.

Daniela había seguido con la mirada a Alberto hasta que salió por la puerta, en esos momentos, Daniela experimentabasensaciones de asco y gozo, una repugnancia extraña que lograba despertar en ella sensaciones de excitación.

Cuando ya todos habían salido de la sala principal, Daniela dio media vuelta y subió a su habitación.

-¿Y Daniela?- preguntó Luisa, quien ya había encendido el motor y se imaginaba a sí, recostada en la orilla del mar, disfrutando del sol y la arena.

-Venía detrás- alcanzó a deciruno de los invitados.

Alberto, siempre en silencio, reproducía en su mente aquella imagen de mujer dulce que se le presentaba como un manjar a degustar.

Entonces se oyó un llamado.

-¡Alberto! ¿Puedes ayudarme un momento?

Daniela había gritado por la ventana de su habitación.

Alberto se hacía el sordo y no hizo ningún movimiento, como si no se tratara de él.

-¿Y ahora qué quiere?-...
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