Nuestra seora de paris

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IX. EL HUMORISMO DE SOR JUANA

Ese gesto sombrío, que es el único que se juzga
compatible con la virtud; ese alarmarse por las
cosas más insignificantes; ese buscar, hurgar y
purgar todo lo que pueda tener señales de vida
lozana, de florecimiento intenso, de alegría y de
buen humor, no son castizos ni proceden del
espíritu de nuestra raza.

Victoriano Salado Álvarez, “Estudio sobre lanovela Reconquista”, de Federico Gamboa

Ya hemos dicho que los conventos mexicanos, allá por el siglo xvii, no eran habitáculos de tristeza.
La mojigatería, tan ajena y extraña al temperamento español, importada después del norte, hija quizá del jansenismo, no campaba aún por sus respetos en la Nueva España ni en la Vieja. La virtud tenía cara alegre.
¿No hemos visto, por ventura,a santa Teresa sonreír frecuentemente y aun prodigar su encantador donaire?
¿Quién no recuerda cómo le sirvió de graciosa broma cierta plaga sin nombre que cayó sobre los sayales de sus monjas? Santa Teresa tuvo que darles entonces sayales nuevos. Ítem más, acordose celebrar una procesión para que Dios librase a las religiosas de aquella miseria y se cantaron unos versos de la santa, cuyoestribillo era:

Pues nos dais vestidos nuevos,
Rey celestial,
librad de la mala gente (?)[1]
este sayal.

Sor Juana tuvo un temperamento tan parecido en muchas cosas al de santa Teresa, en su admirable exaltación sobre todo, que medio siglo antes hubiese sido tan grande como ella.
“Si sor Juana hubiese vivido cincuenta años antes —me decíael padre Mir en días pasados— habría sido una gran mujer.”
Lo fue, a pesar del mal gusto literario de la época; tan grande como la otra monja portuguesa, su casi coetánea, Violante do Ceo; como sor María de Agreda; como la Sabuco de Nantes. Para convencerse basta saber leerla como se debe leer siempre: con amor.

Si sor Juana Inés de la Cruz —dice Sánchez Moguel— no nos ha dejadouna obra magistral, encarnación íntegra y acabada de su inteligencia, esparcida en tantos y tan diversos escritos; si éstos, por la mayor parte, tuvieron el nacimiento y la muerte tan cerca, tan unidos como la rosa de Rioja, el nombre de la monja mexicana y la memoria de su labor artística y científica tendrán siempre merecido puesto en la historia literaria de México y de España, como gloria comúnde mexicanos y españoles.

El humorismo de sor Juana se escapa como la más fácil y clara linfa.
Va triscando ágil por toda su obra.
El mismo Sánchez Moguel dice que lo que más sorprende en la monja es que sus mejores escritos, con ser obra de una religiosa y de orden ascético, sean no sólo demasiado profanos, sino picantes a veces, hasta el punto de que varias composicionesinsertas en la edición de Zaragoza de 1692, no fueron reproducidas en las posteriores.[2]
Pero repito que este gracejo, propter elegantiam sermonis, nunca escandalizó a nadie en aquellos tiempos en que Notre Dame la Bigoterie no andaba aún por el imperio de las Españas.
El género epigramático fue cultivado con mucha suerte por sor Juana.
Los siguientes ejemplos, espigados en susegundo tomo, lo probarán:

REDONDILLAS

CON UN DESENGAÑO SATÍRICO A UNA PRESUMIDA DE HERMOSA

Que te dan en la hermosura
la palma, dices, Leonor:
la de virgen es mejor,
que tu cara la asegura.
No te precies con descoco
que a todos robas el alma,
que si te han dado la palma,
es, Leonor, porque eres coco.

REDONDILLAS

EN QUEDESCUBRE DIGNA ESTIRPE A UN BORRACHO LINAJUDO

Porque tu sangre se sepa,
cuentas a todos, Alfeo,
que es de reyes, y yo creo
que eres de muy buena cepa;
y que, pues a cuantos topas
con esos reyes enfadas,
que más que reyes de espadas
debieron de ser de copas.

REDONDILLAS

QUE DAN EL COLIRIO MERECIDO A UN SOBERBIO

El no ser de...
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