Otto preminger

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Otto Preminger
Los ojos y el cerebro Con el tiempo, cualquier gran cineasta –y muchos menores, incluso antes– acaba por ser “descubierto” (o “redescubierto”), y logra una cierta consideración, más o menos extendida y duradera. Ya no se ve como un capricho exótico de una pandilla de chiflados que se admire a Douglas Sirk o Jacques Tourneur, y los nombres de John Ford, Alfred Hitchcock y HowardHawks han sido finalmente incorporados al Panteón común a críticos y aficionados, de modo que su mera mención se supone elogiosa y no parece necesario defenderlos. Sus causas son batallas libradas y ganadas, e incluso si tal victoria es relativa y sólo afecta a grupos minoritarios, se puede confiar en que, como mucho en un par de generaciones, su posición se habrá consolidado. Mucho más extraña ypeor –aunque no para ellos, pues llevan tiempo muertos– es la situación de aquellos que, incluso si durante algún periodo –usualmente de cinco a diez años– tuvieron éxito comercial, ganaron algún premio y alcanzaron cierta aceptación crítica, cayeron después en desgracia y en el olvido, y cuya reputación ha permanecido largamente estancada a un nivel muy inferior al que merecen, sobre todo porquesus películas apenas circulaban; es lo que sucede –y seguirá sucediendo en un futuro previsible (con Frank Borzage) que siempre ha tenido admiradores entusiastas, pero al que nunca se recuerda–, Leo McCarey, Henry King o Allan Dwan, por citar sólo cuatro, aunque tal lista podría ampliarse con facilidad, como lo prueba, en el fondo, el caso excepcional de D.W. Griffith, cada vez más desconocido (ypeor entendido) pese a figurar en todas las Historias del Cine. Personalmente, el caso de negligencia injustificada que encuentro más escandaloso es el de Otto Preminger, siempre apreciado por minorías y objeto de controversias y discusiones entre “partidarios” y “enemigos”, para verse finalmente desprestigiado, como víctima propiciatoria y emblemática (más que colateral) de un giro de políticacrítica que empezó en 1964, dentro del propio grupo que más o menos lo había “descubierto” unos veinte años antes. El declive de su carrera durante sus últimos años de actividad, al que ciertamente contribuyó el descrédito crítico sistemático que sufrió, en medio del desmoronamiento del cine americano a partir de ese mismo año, y su propia muerte (en 1986), sin que hubiera logrado recuperar el grado deinterés que suscitara entre 1955 y 1963, hicieron de Preminger una figura desconocida y apenas mencionada, que las últimas hornadas de cinéfilos no han considerado una ignorancia de urgente reparación. Sin embargo, algo parece haber empezado a cambiar: desde hace unos años, todavía con lagunas notables, sus películas han empezado a circular de nuevo, primero en DVD, en televisión y en la red,ocasionalmente (en 2006 se celebró el centenario de su nacimiento) en algunas retrospectivas parciales (hay obras de las que no quedan copias en 35mm). Esto es lo fundamental, porque las clarísimas películas de Preminger se defienden por sí solas, con tal de que se deje que la evidencia se imponga, sin oponerle un muro de prejuicios. Por otra parte, en Internet se ha escrito bastante acerca de él,casi siempre con sorpresa y admiración, y se han publicado dos libros en inglés (Foster Hirsch, Chris Fujiwara) y hay un tercero en elaboración (Chris Keathley). Bienvenida, por tanto, esta ocasión de repasar una buena porción de sus mejores obras. Creo que el contacto directo con esas películas, en una pantalla de dimensiones suficientes, es más útil que lo que podamos aducir en su defensa. Siemprehe creído que, aunque nada en la cultura cinematográfica dominante vaya a incitarles o animarles a hacerlo, los más curiosos de los amantes del cine que quedan empezarían a descubrir por sí mismos que Otto Preminger no era solamente un astuto productor que tuvo la oportunidad (o quizá se la arrebató a Rouben Mamoulian) de dirigir Laura, generalmente reconocida como una de las cimas de un...
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