“¡Papi, me caí!”

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“¡Papi, me caí!” me dijo mi hija Ana Silvia de apenas cuatro años de edad, mientras corría hacia mi. Eran aproximadamente las 09:30 de la mañana, del viernes 19 de septiembre de 2008. Al principio pensé que se trataba de una caída sin importancia, pero pronto me alarmé al notar que mi hija no se consolaba, por lo que después de revisarle detenidamente la cabeza sin observar nada anormal, le pedíque me enseñara de dónde se había caído; señaló la escalera de caracol del segundo piso de aproximadamente 2.5 mts de altura.
Mi esposa, Silvia Noemí y yo, contrajimos matrimonio el 21 de diciembre de 2002. Ana Silvia, nuestra primogénita nació el 9 de Junio de 2004. Hacía un año que estábamos viviendo en la casa de mi suegra, donde ocurrió el accidente.
Ya no esperé más tiempo y me dispuse allevarla al hospital regional “Dr. J.c. Meana” en Jojutla, en el estado de Morelos, México.
Mi esposa había salido minutos antes en compañía de Samuel, nuestro hijo menor para realizar algunas diligencias. Cuando llegó le informé lo que había sucedido. Entré para cambiarme mientras mi esposa la peinaba; mi hija ya había comenzado a sentir mucho sueño, síntoma inequívoco de un golpe severo en lacabeza.
Mientras mi esposa se quedaba atendiendo el negocio y a mi hijo menor, yo salí a toda prisa con mi hija entre mis brazos con destino al hospital más cercano. Cuando llegamos, no nos querían recibir porque iban a realizar un simulacro de incendio. Sacaron a todo el personal, incluyendo a los pacientes en urgencias, a la explanada frontal del hospital. Transcurrieron aproximadamente veinteminutos.
Después de la primera revisión y de las preguntas de rutina, el médico ordenó practicarle una tomografía de cráneo; llevé a mi hija cargando porque no había sillas de ruedas disponibles. Tuvimos que esperar otros veinte minutos más, porque aún estaban realizando el aseo en la unidad de rayos X. Mi hija comenzó a devolver el estómago.
Después de una larga y dolorosa espera, cuando por fintuvieron las radiografías, el médico me informó la mala noticia: “su hija tiene traumatismo craneoencefálico severo, es urgente trasladarla al hospital general en la ciudad de Cuernavaca, (aproximadamente a 45 minutos de ahí). Además existía otro inconveniente; no había ambulancias disponibles, si queríamos trasladarla, debíamos costearla por nuestra propia cuenta.
Para entonces, mi esposa, micuñada y mi suegra, a quienes ya había informado de la terrible noticia, ya habían llegado al hospital.
A pesar de la gravedad de la lesión, los médicos no le brindaron la atención debida, por lo que mi hija empeoró drásticamente. Habían transcurrido dos horas aproximadamente desde nuestra llegada al hospital. Mi hija ya observaba pérdida de la sensibilidad de la mitad de su cuerpo y teníataquicardia. Entre el personal médico todo era nerviosismo; debido a que mi pequeña no presentaba otra sintomatología característica de una lesión de esa naturaleza, (pérdida del conocimiento, convulsiones, etc.) no se había actuado con la rapidez necesaria. Cuando por fin salió la ambulancia, el estado de salud de mi hija era muy delicado.
Como mi esposa insistió en viajar en la ambulancia, y en ésta nopodían viajar más que un familiar, tuve que trasladarme en autobús a la ciudad de Cuernavaca. (Dos días antes habíamos vendido nuestro automóvil para pagar una deuda).
A su llegada al hospital, el neurocirujano confirmó el diagnóstico y le explicó a mi esposa que debido a que la fractura no era expuesta (no había herida en la piel ni sangrado exterior), entre el cerebro y el cráneo, se estabaformando un hematoma (coágulo de sangre) que estaba oprimiendo la corteza cerebral; ¡había que intervenirla de urgencia!
Antes de ingresar al quirófano, el neurocirujano le pidió a mi esposa que firmara algunos documentos, no sin antes advertirle que debido a su gravedad, no garantizaba que nuestra hija sobreviviera a la operación.
Cuando por fin llegué al hospital mi hija estaba siendo...
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