Paul wittgenstain

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  • Publicado : 14 de octubre de 2010
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Los cuentos nos abandonan cuando llega Wittgenstein

Erase una vez un joven austriaco que tenía, frente a sí, una prometedora carrera como pianista. Y érase, una vez más, que estalló una guerra yeste joven partió al campo de batalla. Y érase, el malhadado destino, que una bala enemiga fue a instalarse en su codo derecho, y que los matarifes del lugar no pudieron hacer más que una buenacarnicería: despojarle de su brazo herido. Y éranse tantas cosas oscuras que Paul Wittgenstein, el pianista mutilado en la Primera Guerra Mundial, ejecutó una cabriola amable -siguió de concertista con lacomplicidad de su mano izquierda- y pasó a engrosar la lista de héroes dispuestos a superarse para ver cumplidos sus sueños, y bla, bla, bla.

Entonces, le llega a una esta historia y quiereglosarla: el pianista manco, pero pianista al fin y al cabo, con una determinación de hierro, apoyado incondicionalmente por una pléyade de amigos compositores, Ravel, Strauss, Prokoviev, todos ellos volcadosen la tarea de crear un repertorio donde la mano derecha pueda ser inexistente.

Lo anterior se dirige inevitablemente hacia un final feliz, con aires de capítulo glorioso de un libro de autoayuda;hasta que Ludwing Wittgenstein, hermano menor de Paul, pone un alto en el camino. Y nos susurra: “De lo que no se puede hablar, hay que callar”. Y otra vez: “De lo que no se puede hablar, hay quecallar”. Hasta una tercera vez nos tortura con su frase-sello del “Tractatus”.

Sin ahondar en el sentido profundo de Ludwing Wittgenstein, que desconozco, por otro lado, me quedo con el más mundano:si no sabes de qué estás hablando, para qué coño abres la boca (un ramalazo almodovoriano). Llegados a este punto, lo pertinente debe de ser ahondar más en Paul Wittgenstein, y en su entorno, parasaber de qué se habla, y por ende de qué se escribe.

Como un castillo de arena, una voluta de humo, todo lo efímero que nos rodea, el cuento complaciente se nos desmorona. Aquí uno nos dice que...
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