Pedro paramo

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El sacerdote en la novela mexicana
Una serie del padre Juan Manuel Galaviz, SSPEL PADRE RENTERÍA EN PEDRO PÁRAMO DE JUAN RULFO
I. EL REMORDIMIENTO

“–Se siente mal?

“–Mal no. Ana. Malo. Un hombre malo. Eso siento que soy” (p. 77).

En esta respuesta del Padre Rentería a su sobrina se dibuja la imagen del remordimiento y el disgusto de sí mismo.

La desilusión del sacerdote se ha idogestando poco a poco, hasta llegar a ser incontenible y presagiar el estallido: “–Voy a ir un rato a caminar, Ana. A ver si así reviento” (p. 77).

Muy de mañana había dirigido sus pasos hasta la población vecina, dispuesto a confesarse y recuperar la paz interior. Los carreteros con quines se cruzó en el camino lo saludaron con preguntas convencionales: “Padre, ¿ya dieron el alba?” “¿Adónde tantemprano, padre?” “¿Ha muerto alguien en Contla, padre?” Y él, aunque se conformó con sonreir, “hubiera querido responderles: ‘Yo. Yo soy el muerto’” (p. 74).

¿Muerto, por qué? ¿Se sentía culpable de vivir en pecado y de ejercer sacrílegamente el ministerio? ¿Cosideraba que toda su acción sacerdotal era infructuosa y sin sentido?

El cura de Contla se había negado a darle la absolución,alegando:

“Ese hombre de quien no quieres mencionar su nombre ha despedazado tu iglesia y tú se lo has consentido. ¿Qué se puede esperar ya de ti, padre? ¿Qué has hecho de la fuerza de Dios? Quiero convencerme de que eres bueno y de que allí recibes la estimación de todos; pero no basta ser bueno. El pecado no es bueno. Y para acabar con él, hay que ser duro y despiadado. Quiero creer que todossiguen siendo creyentes; pero no eres tú quien mantiene la fe; lo hacen por superstición y por miedo. Quiero aún más estar contigo en la pobreza en que vives y en el trabajo y cuidados que libras todos los días en tu cumplimiento. Sé lo dificil que es nuestra tarea en estos pobres pueblos donde nos tienen relegados; pero eso mismo me da derecho a decirte que no hay que entregar nuestro servicio a unoscuantos, que te darán un poco a cambio de tu alma, y con tu alma en manos de ellos ¿qué podrás hacer para ser mejor que aquellos que son mejores que tú? No, padre, mis manos no son lo suficientemente limpias para darte la absolución. Tendrás que buscarla en otra parte” (p. 75).

II. LA CULPA

Dejemos aparte esta inexplicable actitud del cura de Contla al negarle la absolución al padreRentería, y tratemos de poner en claro la culpabilidad de éste último. ¿Por qué se le califica como traidor a la misión sacerdotal?

a. El Padre Rentería es duro de corazón.

Le falta precisamente aquella virtud por la cual el sacerdote –y más aún el párroco– hace las veces de Jesucristo: la misericordia como hombre y como ministro, se muestra reacio a perdonar; más todavía: contrariando un mandato delEvangelio, se alza como juez y condenador. “Por mí, condénalo, Señor” (p. 30), es el fallo que da frente al sagrario después de las exequias por Miguel Páramo, hijo del cacique que da su nombre a la novela. Ciertamente no se trata de un perdón fácil para el Padre Rentería, ya que el difunto había sido el asesino de su hermano, y además el violador de su sobrina. Pero, si esos y otros crímenes deMiguel Páramo habían enconado su ánimo en contra del muchacho, ¿por qué se prestó a las exequias?; a su rencor profundo hay que añadir la culpa de hipocresía y formalismo; grave incoherencia que se pone más en evidencia cuando Ana evoca las enseñanzas de su tío, según el cual no se tenía que odiar a nadie.

Otra escena en que aparece la dureza de corazón y el vano formalismo del Padre Renteríaes aquella en que María Dyada le suplica sufragios por su hermana Eduviges, la mujer que “sirvió siempre a sus semejantes, les dio todo lo que tuvo, hasta un hijo…” (p. 34), y que acabó suicidándose.

“–Falló a última hora. En el último momento” (p. 34), fue su respuesta de sacerdote engreído en la convicción de ser árbitro de los destinos eternos, y siguió regateando los sufragios, impasible...
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