Pensamientos

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  • Publicado : 28 de noviembre de 2010
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El día 12 de febrero de 1822, en España se declaraban ilegales y de ningún efecto, por lo concerniente al gobierno español, todos los actos y estipulaciones habidas entre el General O´Donojú y Don Agustín de Iturbide, con ello, los denominados Tratados de Córdoba perdían toda validez quedando como inútiles papeles buenos para ser tirados a la basura.

La razón verdadera de la independenciasurgía con toda su fuerza: la ineptitud de la decadente monarquía española y su evidente incapacidad para retener territorios tan vastos. El, en otros tiempos, inmenso poderío hispano, había terminado convertido en un auténtico teatro guiñol en donde las marionetas ocupaban los puestos de relevancia. Tullidos títeres hacían el papel del cobarde e imbécil de Fernando VII, decadente e idiota monarca quesi hubiese tenido un mínimo de dignidad, debía haberse suicidado desde muchos años atrás.

México había realizado su independencia por razones del todo ajenas a las intenciones del último virrey, señor Juan de O´Donojú, y del jefe del ejército trigarante, señor Agustín de Iturbide. La razón verdadera era que España ya no podía mantener bajo sus dominios esos territorios. El no reconocimiento delos Tratados de Córdoba, signados por quien fue enviado como virrey por la misma monarquía española, constituyó la más patética declaración de manifiesta debilidad realizada por un monarca miope, por un monarca ignorante de lo que sucedía en su reino.

Con el ninguneo de los Tratados de Córdoba por la monarquía española, México iniciaba su independencia a pesar suyo. Las fuerzas políticas deaquél entonces contaban con libertad absoluta para hacer prácticamente lo que les viniese en gana. No existía límite alguno, ningún compromiso había resultado de aquella forzada independencia. Tan sólo el sentido común y la tendencia psicológica, por parte de los directores políticos de ese tiempo, a aferrarse a un esquema que ya no era válido, impidió que el forzado nacimiento de nuestro país seacelerase por los caminos de la originalidad, por los caminos de la libertad que habrían hecho trizas los trescientos años de dominación, y el cúmulo de obsoletas y enmohecidas instituciones, encaminándolo por los senderos del progreso y colocándole entre las más avanzadas y prósperas naciones del mundo.

No sucedió así, y no sucedió porque nuestra independencia no fue producto del triunfo de unarevolución, sino de coyunturales circunstancias ajenas del todo a los deseos y proyectos de los habitantes de la que fue la Nueva España.

Así, mientras en España la inepta y decrépita monarquía negaba la validez de los Tratados de Córdoba, en México se continuaba cumpliéndolos religiosamente. La instalación del Congreso o Cortes, cuya finalidad era la de conformar la Constitución del imperio,pretendía dar cabal cumplimiento a lo estipulado en los referidos Tratados.

Por supuesto que la actitud de la monarquía española sentaba firmes bases para que las autoridades instaladas en México, la Regencia y el Congreso o Cortes, actuaran de otra manera olvidándose de lo estipulado en los Tratados de Córdoba, puesto que continuar con la dinámica en ellos establecida, era ya un absurdo, unaauténtica locura. De hecho, el mantener tercamente la idea de consolidar un imperio, fatalmente conllevaba a la coronación del señor Agustín de Iturbide, y de ello estaban conscientes tanto los promonárquicos simpatizantes de los Borbones, como los republicanos. El enorme cúmulo de tácticas dilatorias realizadas por los enemigos de Iturbide, que tenían como claro objetivo el retardar su inminentecoronación, a la vez que la de restarle méritos a la fuerza política de su persona, no sólo no sirvió para nada, sino que constituyó una errónea táctica en el actuar político de los antiiturbidistas. En vez de estar empeñados en poner piedrita tras piedrita en el camino del proclamante del Plan de Iguala, en vez de montar los no pocos bochornosos espectáculos de descarado balconeo, consistentes en...
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