Poemas hispanoamericanos

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1

SALVADOR ELIZONDO A Octavio Paz El grafógrafo

Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir querecordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo.

2

CESARE ZAVATTINI (1902-1989) El amor

Me refugié bajo un portal. De la casa de enfrente llegaban las notas de un vals. Cesó la lluvia yen el balcón de aquella casa apareció una muchacha morena vestida de amarillo. No la veía bien allá arriba. No hubiese podido decir" su nariz sonrosada", pero me enamoré. Quizá fue por el olor de la tierra mojada. Quizá el brillo de las goteras bajo el sol que asomaba otra vez -nos sigue de puntillas alguien que mueve las nubes, suscita clamores en los caminos sólo para que nos empujen donde a élle conviene, pero de modo que se acuse a las nubes y a los clamores-o A la muchacha se le cayó desde el balcón un pañuelo; corrí a recogerlo y entré en el portal escaleras arriba. En los últimos peldaños me esperaba la muchacha. -Gracias-me dijo. -¿Cómo te llamas? -le pregunté, jadeante. -Ana -me respondió. Y desapareció. Le escribí una carta como nunca más he vuelto a escribir en la vida. Al cabode un año era mi mujer. Somos felices. A menudo viene a vernos María, la hermana de Ana; se quieren y se parecen mucho. Un día se habló de aquella tarde de verano, de cómo nos habíamos conocido Ana y yo. -Estaba en el balcón -contó María- y de repente se me cayó el pañuelo. Ana estaba tocando el piano. Le dije: "Se me ha caído el pañuelo. Alguien viene a traérmelo". Ella, menos tímida que yo, fuea tu encuentro y os conocisteis. Lo recuerdo como si fuera ayer. Las dos llevábamos un vestido amarillo.

3

CARLOS ALFARO El crimen de cada día

Alguien, no viste quién, abrió la puerta, y saliste con toda la vitalidad con que te fue posible hacerla, pensando que la libertad estaba enfrente y que te daban por fin la posibilidad de disfrutarla. Obviamente, no la encontraste: contra lo queesperabas, sólo hallaste un lugar más espacioso, paredes infranqueables, y varios hombres a los que hasta entonces jamás habías visto, con la crueldad dispuesta y el más feroz de los sadismos preparado. Después, fueron quince minutos, veinte tal vez, de auténtico martirio, en los que tuviste ocasión de conocer sobre tu cuerpo la violencia, y supiste del terrible extremo a que es capaz de llegar ensu brutalidad el hombre, de forma arbitraria y sin razón alguna que además lo justifique. Quizá, es probable, te preguntaste por qué lo hacían, cuál era la auténtica razón de que te torturaran de ese modo, o quizá, quién sabe, no llegaste a preguntarte nada, pues, como ellos decían, ni sufrir podías, y pensar era una función para la que sólo ellos estaban capacitados. Después, cuando se cansaron,viste que uno de ellos, el más cruel posiblemente, se paraba frente a ti con su arma preparada, y tuviste la impresión de que el momento del fin estaba próximo. N o dudaste: esperanzado, te arrancaste contra él con las pocas fuerzas de que disponías, y respiraste tranquilo al sentir en tu cuerpo la llegada de la muerte, el borbotón de sangre que, viniéndote de muy dentro, te inundó de golpe lasfauces, desbordando generoso la glotis y la garganta. Después, no sentiste más, caíste al suelo como un fardo, y un clamor unánime atronó el ruedo, pidiendo, con rara y terrible unanimidad, que te cortaran las dos orejas y el rabo.

4
OSEBA SARRIONANDÍA Franz Kafka y la niña

Imagínate a Franz Kafka en una calle de Praga. No, no es Praga, es otra ciudad. Imagínatelo en una calle de Berlín....
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