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LA CAJA ABLONGA
EDGAR ALLAN POE
Hace algunos años reservé una plaza para viajar desde Charleston a la ciudad de Nueva York en el bonito paquebote Independence, del capitán Hardy. Zarparíamos el día 15 de Junio si el tiempo lo permitía; y el día 14 subí a bordo para arreglar algunas cosas en mi camarote.
Me enteré de que los pasajeros iban a ser numerosos y que figurarían entreellos un numero de damas mayor que el de costumbre. En la lista aparecían los nombres de algunas de mis amistades y entre otros me alegré de ver al señor Cornelius Wyatt, un joven artista hacia el que yo sentía cálida amistad. Había sido condiscípulo mío en la Universidad de C... en la que éramos, además, íntimos amigos. Poseía el temperamento ordinario del genio y era una autentica mezcla demisantropía, sensibilidad y entusiasmo. A estas cualidades unía el mejor corazón que jamás haya latido en pecho humano.
Observé que su nombre figuraba en tres tarjetas adheridas al dintel de tres camarotes; y al consultar nuevamente la lista de pasajeros, vi que había reservado plaza para él, para su esposa y para dos hermanas suyas. Los camarotes eran suficientemente espaciosos y cada uno de ellos teníados literas, una sobre la otra. Por supuesto, estas literas eran tan estrechas que en ellas no cabía más de una persona. Aun así, no podía comprender por qué se habían reservado tres camarotes para aquellas cuatro personas. En aquella época me hallaba yo en uno de esos momentos en los que el hombre se siente anormalmente curioso por cualquier cosa, y confieso, con vergüenza, que me entretuve enhacer una serie de conjeturas malas y buenas sobre aquel asunto del exceso de camarotes. Por supuesto que nada de aquello era cosa mía; mas no por ello insistí menos en tratar de resolver el enigma. Por fin llegué a una conclusión que me hizo preguntarme cómo no lo había pensado antes.
"se trataba de algún sirviente —me dije—. ¡Qué estúpido no haber caído antes en una solución tan evidente!" y unavez más, consulté la lista... , pero allí no vi el nombre de ningún sirviente que formara parte del grupo, aunque sí me fije en que, al parecer, había anotado "y un criado" y luego se habían tachado las palabras.
"¡Oh, se tratará de equipaje extra! —me dije a continuación—. Algo que el desea no se almacene en las bodegas, algo que desea vigilar personalmente... ¡Ah! Ya lo tengo, seguramente setratará de algún cuadro o así, y esto es lo que debió estar tratando con Nicolino, el judío italiana."
Esta idea me satisfizo, y por el momento, abandoné mi curiosidad.
Yo conocía muy bien a las dos hermanas de Wyatt, dos muchachas muy amables e inteligentes. Wyatt estaba recién casado, pero yo todavía no conocía a su esposa. El me había hablado muy a menudo de ella, sin embargo, y arrastrado porel entusiasmo habitual que dedicaba a todas sus cosas, me la había descrito como mujer de sorprendente belleza, inteligencia y educada. Por lo tanto yo estaba deseando conocerla personalmente.
En el día en que yo visite el barco, día 14, Wyatt y su familia también lo visitarían –así me informo el capitán— y esperé a bordo una hora más del tiempo que yo tenía pensado con la esperanza de serpresentado a la reciente esposa, pero entonces llegó hasta mí una nota de disculpa:
"La señora Wyatt se hallaba un poco indispuesta y no
embarcará hasta el día siguiente, a la hora de zarpar."
Había llegado el día siguiente y yo me dirigía desde el hotel al muelle cuando me encontré con el capitán Hardy, quien me dijo que "debido a ciertas circunstancias (frase estúpida, pero conveniente), habíadecidido que el Independence no zarpase hasta dentro de un día o dos y que cuando todo estuviese preparado me lo haría saber". Pensé que esto era extraño, ya que en aquellos momentos soplaba una buena brisa del sur, pero como las circunstancias no se revelaron, por mucho que insistí sobre ello, no me quedó más remedio que regresar al hotel y rumiar en solitario mi impaciencia.
No recibí el...
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