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JOSÉ RAMÓN PÉREZ

Dios en una estrella fugaz

© José Ramón Pérez Pérez, 2007 1ª Edición – Octubre 2007 http://www.EditorialAlaxe.com http://www.1y1y1.es

Dios en una estrella fugaz

A mis padres, que me enseñaron a encontrar respuestas. Y a mi hermano Jorge, que me enseñó a buscar preguntas.

"Life's but a walking shadow, a poor player That struts and frets his hour upon thestage And then is heard no more: it is a tale Told by an idiot, full of sound and fury, Signifying nothing". Macbeth – Acto V, escena 5. WILLIAM SHAKESPEARE

Ayer llovió, pero hoy será un día soleado. En realidad, todos lo son. Si pudieras elegir, ¿qué elegirías? Yo, las siete de la tarde de un día de verano, descansar a la sombra, el agua que salpica, la brisa, mi corazón palpitando poderoso ylas mejillas ardiendo, sudor, juventud, toda una vida por delante. Aquí llega el médico. Hoy viene acompañado. —Sigue igual —dice; apenas me roza con sus dedos para tomarme el pulso—. Esto se acaba. Con cuidado, deja otra vez mi brazo sobre la sábana, y yo debería sentir el tacto familiar y levemente áspero, el apacible frescor de la ropa limpia. Pero no. Tampoco he sentido su mano sosteniendo lamía. Y, sin embargo, sé que me ha tocado, sé que está aquí. Es una sensación nueva: es como si pudiera conocerlo todo sin tener que experimentarlo. Hoy será un día soleado. El sol siempre brilla, diría una canción; las reacciones atómicas en el núcleo de una estrella siempre producen fotones, diría yo. Y mis alumnos se reirían un curso más con la misma broma gastada. Tan gastada que el primer día declase todos saben ya que la voy a decir, se advierten unos a otros. —La belleza no está en la luz del sol: la auténtica belleza está en entender cómo se produce. Lo dije sin pensarlo mucho hace casi cuarenta años, y desde entonces, haga sol o llueva, siempre he empezado el curso contando esta especie de chiste. Y todos mis alumnos, año tras año, se han reído cuando han tenido que escucharlo.Nadie quiere contrariar a un catedrático, no en el último curso de carrera. La honestidad tiene un límite, incluso a los veinte años. Pero el cur11

so que viene ya no tendrán que reírse. El curso que viene ya no estaré allí para contarlo. —La mañana está fresca —dice el médico más viejo, que se ha acercado hasta la ventana para contemplar el amanecer; y como el otro, que tampoco es exactamentejoven, pone gesto de extrañeza, añade—: Ha llovido toda la noche. —No he salido a la calle. —¿Has estado aquí metido desde ayer? El otro se frota los ojos. —Ha sido una noche agitada. Ahora iba a marcharme a casa. Prendido al bolsillo de su bata, el médico más joven lleva un identificador de plástico blanco con letras azules: DR. ARMENTEROS. No encajan con él, ni su apellido ni las letras de molde.Desde que nos conocimos yo siempre lo he llamado Rubén. Su nombre es mucho más adecuado, evoca correctamente la sonrisa limpia, el flequillo rebelde, los ojos ávidos incluso cuando, como hoy, el sueño los empequeñece. Él es quien me ha tratado desde el principio, casi desde el principio. Debe de tener la edad de mi hijo Sebastián, que supongo que sigue cumpliendo años. —Si sigues así, no aguantarásmucho en esto. —Sólo ha sido una noche movida —repite Rubén, y hace como si comprobara algunos de los aparatos que hay junto a mi cama. —No lo digo sólo por el cansancio. Le das demasiadas vueltas. Y, la verdad, en este trabajo no hay tanto que pensar: tratamos con enfermos que van a morirse, y no hay más. —Supongo que yo no debería haber escuchado eso. El médico más viejo se da la vuelta y sepone a hablarle al día que despunta—. Es injusto, es cruel, es triste, bla, bla, bla, es todo lo que quieras, pero no hay nada más. —Ya lo sé. Ya lo sabía cuando pedí el cambio. Por la ventana comienza a entrar una luz tan bella que, como si se tratara de un regalo demasiado caro, hace que me sienta culpable por poder contemplarla. No sé si me merezco la belleza de este amanecer, ni el aire...
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