Reclamaciones Extranjeras

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Leyenda colonial La calle del Puente del Cuervo
Causo sobrecogimiento y pavor en los habitantes de la Capital de la Nueva España. ¿Qué tenía en particular este avechucho?
Encaminemos nuestros pasos a un puente de corta zancada, que corría por atrás del Colegio de San Pedro y San Pablo, perteneciente a los padres jesuitas; estaba construido de anchos tablones y baranda tosca. Aquel cuervode plumaje negro azulado todas las noches sin falta se posaba en el burdo barandal, crascitando toda la noche interrumpiendo el plácido sueño de los vecinos, preguntándose de donde había salido aquel animal que se callaba hasta que sonaban las campanadas de las doce, largas y profundas, que lo hacían elevar el vuelo de manera precipitada; pero a la siguiente noche regresaba y se posaba en elpuente, perturbando con sus graznidos las paz y quietud del vecindario.
Ya nadie se acordaba de la existencia de aquella ave desde hacía dos años que la habían visto con terror, y sus sospechas se vieron confirmadas cuando un vecino lo vio volar desde el puente, hasta los balcones de la arruinada casa que habitara un temible señor llamado don Santiago Améndola
Ese pájaro era el diablo, el cuál fuepropiedad de aquel horrible caballero, en cuya vieja casa se metía noche a noche, dando incesantes graznidos. Este anciano llevaba una vida extraña, así como también lo fue su muerte.
Las amistades de don Santiago eran de la peor calaña, delincuentes, gente habladora, baldía y soez, todos iban a aquella elegante morada a conversar, beber de los mejores vinos, jugar tablas y quínolas,convirtiendo todo esto en un relajo total. Los gritos desaforados frecuentemente salían de los balcones y las ventanas, llegando a escuchar riñas y disputas que iban desde palabras altisonantes, y si la situación subía de tono, algunas veces casi se daban hasta con la cubeta.
Todas la noches era la misma bulla en aquella casa, hundiéndose en risotadas y tronaban ásperas blasfemias, reniegos y por vidas;ajos, cebollas y culebrones salían de las bocas de aquellos bellacos, y Don Santiago cuando no echaba maldiciones, soltaba estruendosas carcajadas. Tan sucia era su fama como un andrajo lleno de estiércol.
Y así como la mala reputación que tenía, así era su traje. Este hallaba tan sucio y puerco como su alma, su sombrero negro lleno de tierra y más grasa que una tocinería, debajo de este traía untiliche mantecoso amarrado a la cabeza para protegerse de los fríos porque según esto padecía vaguidos, su cabello era grasoso y con años de no pasarle ni los dedos para cepillarlo, y de lo más asqueroso que tenía eran sus barbas ¡infestadas de liendres! , ¡Que asquerosidad! …. Con esta imagen tan decadente que mostraba a los ojos de la gente, gustaba de salir a exhibirla para que todos losdistinguieran por su “único” estilo de portar su atuendo, pero lo único que inspiraba era asco y pena ajena. Imagínate a que olería su casa, toda una asquerosidad, y de olor que desprendía este caballero ¡mejor ni hablamos!
Don Santiago tenía como compañero de tertulia al cuervo antes mencionado, le hablaba como si fuera un compañero confidente al que se le cuentan las cosas más íntimas; conversabalargo y tendido con el animalito, el cuál le respondía con chillidos a modo de respuesta. El anciano gustaba de contemplar a su mascota en el balcón, como si tratara de descubrir alguna habilidad, o hiciese alguna gracia, o bien mantenía el hilo de la conversación; todo este comportamiento llenaba de asombro a la gente. Todos creían que el cuervo entendía lo que su patrón le decía, incluso queinterpretaba cosas con más alcance y significado, pues tal perecía que inclinaba la cabeza como asintiendo o meditando, otras veces la ladeaba a ambos lados, sacudía las alas para negar algo y gritaba. El señor lo escuchaba atentamente como si realmente le pudiera hablar, a veces el cuervo le metía el pico al oído como si le contase un secreto que Dios le tuviese reservado.
El cochino anciano...
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