Retrato sin retoque

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Retrato sin retoque

Por Shantal Contreras

Estoy de pie y en cueros frente al espejo.

Óscar Zeta Acosta/ La autobiografía de un búfalo prieto

Nací en el letargo de las tres de la tardehace treinta años menos cuarenta días de inexistencia. Sobre ese día, mi madre sólo recuerda la paciencia con la que yo esperaba a que resbalara la leche de sus ubres sin pezón para beberla. A los seisaños, descubrí la doble gracia de los senos. Mi abuelo paterno tenía una cantina en la esquina de Miñón y San Luis. Cuando mi abuela y mi madre se perdían en el punto de cruz, salía al patio aescalar el muro de adobe que separaba la casa del abuelo de la cantina. Con la cabeza asomada entre el tejaban y el filo de la barda veía bailar a las perdidas, así llamaban a las putas en el barrio. Semovían gráciles bajo el peso laxo o torpe de los borrachos. Algunas veces las vi bailar a solas, tan alegres y bulliciosas, que las palomas dejaban las vigas del tejabán para unirse a su alboroto. Undomingo como a las ocho, después de que mi abuelo apagara la luz de su cuarto, escalé con sigilo para asomarme a ese otro cielo. Prendida en la fiebre, brutal de mi sangre, te llevo muy dentro, muydentro de mí, te niego te busco, te odio y te quiero y tengo en el pecho un infierno por ti, cantaba una morena de parpados azul eléctrico mientras otra mujer le quitaba la ropa. Me abracé al muro contanta fuerza que percibí su aroma a tierra mojada. Las separaba del bullicio de la cantina una cortina floreada y el muro de mi contemplación. La otra mujer, la que no me importaba, desató el sosténde la morena y me mostró otra manera de alimentarme.

A los trece, la cantina del abuelo y la mujer de parpados azul eléctrico eran olvido. Por esos años, pasaba las tardes entrenando palomasmensajeras en el palomar de Isis y Osiris. Al salir de la secundaria, pedaleábamos a toda velocidad hasta su casa. Llegábamos con los hombros ardiendo por el peso de las mochilas. Ellos ponían a cocer...
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