Rob roy

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ROB ROY

WALTER SCOTT

ROB ROY
TOMO I
con ilustraciones de la edición de Estes and Lauriat, Boston, 1893

elaleph.com

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CAPÍTULO I
¿Qué daño he hecho para que me abrume tan cruel aflicción? Ya no tengo hijos y ni aun aquél que me pertenece. La maldición, que me persigue, pesa sobre su cabeza, si ella es la que te ha cambiado de esa suerte. ¿Viajar? Algún día mandaré a viajar mi caballo. BEAUMONT y FLETCHER,Mr. Thomas.

Me habéis rogado, mi querido Tresham, que consagre una parte de los ocios con que la Providencia ha bendecido el fin de mi carrera, a consignar, por escrito, las vicisitudes y pruebas que señalaron el principio de ella. El recuerdo de esas aventuras, como os place llamarlas, ha dejado, en verdad, en mí una huella viva y duradera de goce y de pesar, a los que va unido un profundosentimiento de gratitud y de devoción hacia el Soberano Árbitro de las cosas humanas que ha guiado mis pasos en medio de un dédalo de obstáculos y de peligros. ¡Este contraste infunde nuevo encanto a la dichosa paz de mis postreros días! Debo, asimismo, deferir a una opinión que a menudo habéis manifestado. Los sucesos en que me he visto envuelto en medio de un pueblo cuyo proceder y cuyas costumbresson aún tan particulares, presentan un lado pintoresco y atractivo para quienes gustan de oír a un anciano hablar de los pasados tiempos.
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WALTER SCOTT

No olvidéis, empero, que ciertas narraciones referidas entre amigos, pierden la mitad de su valor cuando se confían al papel, y que lashistorias en que el oído ha tomado interés, no bien salen de labios del mismo que ha desempeñado su papel en ellas, parecen menos dignas de atención leídas en el silencio del gabinete. Y ya que una robusta ancianidad y una salud floreciente os prometen, con toda probabilidad, existencia más dilatada que la mía, encerrad estas páginas en algún secreto cajón de vuestro escritorio hasta tanto que noshayamos separado uno de otro por un accidente que puede sobrevenir a cualquiera hora y que sobrevendrá seguramente dentro de pocos años. Cuando nos hayamos separado en este mundo, para encontrarnos (según lo espero) en otro mundo mejor, estoy seguro de que apreciaréis, más que los méritos, el recuerdo del amigo que ya no existirá, y entonces hallaréis en las circunstancias, cuyo cuadro voy atrazar, asunto para reflexiones acaso melancólicas, pero no faltas de atractivo. Hay quien lega a sus más caros confidentes una imagen de lo que fue algún día: yo deposito en vuestras manos la exposición fiel de mis ideas y sentimientos, de mis errores y cualidades, con la firme esperanza de que las locuras y los azares de mi juventud hallarán en vos el mismo juez indulgente y bondadoso que más de una vezha reparado, las faltas de mi edad madura. Una de las ventajas que tiene, entre otras muchas, el dedicar a un amigo íntimo las propias memorias (palabra sobrado solemne aplicada a mis humildes escritos), es la de prescindir de ciertos detalles inútiles para él y que, indispensables para un extraño, le distraerían de cosas más interesantes. ¿Hay acaso necesidad de imponeros el fastidio so pretextode que estáis a mi disposición y de que tengo ante mí tinta, papel y tiempo? Sin embargo, no me atrevo a prometer que no abusaré de ocasión tan tentadora para hablar de mí y de lo que me interesa, hasta dentro de cosas que os son familiares. El gusto de referir, sobre todo cuando somos héroes del relato, hace a menudo perder de vista la aten6

Rob Roy

ción debida a la paciencia y al goce...
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