-•Romanticismo en hispanoamérica?

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-•ROMANTICISMO EN HISPANOAMÉRICA?
YA SÉ que es costumbre dirigir a nuestros congresos comunicaciones
muy ceñidas a asuntos particulares, estudios precisos y eruditos, investigaciones
acotadas con una ambiciosa, positiva carga de ciencia aplicada
que debería ir —parcialmente— caracterizando nuestra común
disciplina. Sin embargo, creo que es igualmente indispensable ir abordandogeneralizaciones —aun cuando muchas veces resulten arriesgadas—
a partir de ese creciente e inundante cúmulo de comunicaciones
analíticas imprescindibles. Sólo así podríamos, hegelianamente, volver
a lo concreto, a lo real, desde la abstracción —partición— científica.
Sólo así la literatura vuelve a la vida.
En este sentido, pretendo ahora aprovechar el sinnúmero de vacilaciones
que todos ustedes habránsin duda notado en cuantos pretenden
fijar de modo particular el romanticismo de nuestros principales escritores
del siglo xix, vacilaciones que junto a considerable número de
relecturas, me impulsan a poner en tela de juicio la existencia definida
de un romanticismo hispanoamericano.
El Romanticismo, tal como generalmente se le conoce en nuestras
escuelas y universidades, es hoy el productode una desmesurada extrapolación
no solamente en el tiempo (supuesto carácter romántico de
Hornero, Dante, Shakespeare, Lope, Calderón...), sino también en la
difusión sincrónica que quiere dársele hasta empapar con él casi todas
las manifestaciones estéticas y sociales del siglo xix, en Europa y América.

Como escuela, el romanticismo es flor de un día, suelen decir los
manuales deliteratura europeos y americanos. Su anticonvencionalismo
es muy pronto convencional, y sus premisas antineoclásicas no son
originales las más de las veces y hacen un verano brevísimo. Pero como
corriente literaria, como movimiento general de ideas, como tendencia
espiritual y sensible en la literatura, en el arte, en la moda, en las formas
sociales, tiene una vigencia larga y decisiva. Es asícomo las lágrimas,
el suicidio, la tisis, junto al individualismo, la inspiración, la
intuición o el mito, han pasado al acervo exclusivo del romanticismo.
El meollo de esta extrapolación horizontal y vertical, sincrónica y
diacrónica, está, a pesar de las continuas referencias al carácter tendencioso
del romanticismo, en la subestimación de su aspecto ideológico.
Generalmente, se produce ennuestros estudiosos una valoración sim-
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pática a priori fundada en el supuesto axiomático del carácter liberal
—y aun revolucionario— del movimiento romántico. En otras palabras,
incurrimos con mucha frecuencia en una concepción romántica
del romanticismo. Los conocidos estudios —entre muchos— de Picard,
García Mercadal, Serrano Plaja, Carilla, etc., parten, enrealidad, de
ese supuesto. En el polo opuesto, con una concepción definidamente
derechista, Laserre partía desde igual apriorismo en su conocido estudio
contra el romanticismo. ••
Hace treinta años, sin embargo, que el excelente libro de André Béguin,
El alma romántica y el sueño, y. algunas precisiones históricas de
Lukacs, nos permiten replantear la cuestión en un terreno histórico más
riguroso.• .
El romanticismo se origina en las primeras contradicciones esenciales
que surgen en el seno mismo de la burguesía ascendente a finales
del siglo xvni. La famosísima polémica entre clásicos y románticos es,
precisamente, expresión político-literaria de esas contradicciones. "La Revolución
Francesa —dice Octavio Paz— puso entre la espada y la pared
a los mejores espíritus alemanes, como lohizo con los ingleses y españoles"
(El arco y la lira, p. 237). En un principio (y los paralelos
pueden fácilmente establecerse a propósito de la revolución rusa, o de
la actual revolución cubana) toda la intelligentsia abrazó los principios
de la Revolución francesa. Radicales fueron nada menos que Coleridge
y "VVordsworth, los hermanos Schlegel, Schelling y mil más. El Terror
enfrió el...
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