Sangre romana

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STEVEN SAYLOR SANGRE ROMANA
Título original: Roman Blood Traducción de: Damián Alou. EMECÉ EDITORES—Grandes Novelistas Buenos Aires—septiembre de 1998 ISBN 950—04—1916—5

STEVEN SAYLOR se graduó en Historia por la Universidad de Tejas. Su pasión por la escritura le llevó a trabajar de editor y a publicar numerosos artículos y cuentos en diversos periódicos y revistas de San Francisco, talescomo San Francisco Bay Guardian, Ellery Queen's Mistery Magazine y Magazine of Fantasy and

Science Fiction.

Su serie de novelas policíacas ambientadas en pleno apogeo del Imperio Romano, que él mismo denominó ROMA sub rosa, tienen como protagonista a Gordiano el sabueso, sagaz detective y amante de la buena vida que resuelve con aparente desparpajo los casos más enmarañados, tales como los quese plantean en los cinco casos que componen esta serie. Sub rosa: dícese de lo furtivo y encubierto

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Para Rick Solomon, este libro,

Auspicium meloris aevi

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PRIMERA PARTE
Arriba y abajo
Capítulo Uno
El esclavo que vino a recogerme aquella mañana de primavera más calurosa de lo normal era un muchacho joven, de poco más de veinte años. Normalmente, cuando un cliente envíaa buscarme, el mensajero suele ser un esclavo del más bajo rango de la casa, alguien que se encarga de las labores más pesadas, un tullido, un muchacho de escasas luces que trabaja en los establos, apesta a estiércol y estornuda a causa de las briznas de paja que lleva en el pelo. Se trata de una especie de formalidad; cuando se solicitan los servicios de Gordiano el Sabueso, hay que tener ciertacautela. Como si yo fuera un leproso o un sacerdote de alguna turbia secta oriental. Estoy acostumbrado. No me doy por ofendido siempre y cuando los honorarios se me abonen a su hora y sin regatear. Sin embargo, el esclavo que estaba ante mi puerta aquella mañana iba muy limpio y acicalado. Poseía unos modales serenos que resultaban respetuosos, aunque ni mucho menos serviles: la cortesía que seespera de cualquier muchacho que se dirige a una persona diez años mayor. Su latín era impecable (mejor que el mío) y su voz hacía gala de unas inflexiones tan hermosas como las de una flauta. No se trataba de un caballerizo, desde luego, sino del culto y mimado sirviente de un amo afectuoso. El esclavo se llamaba Tirón. —De la casa del honorable Marco Tulio Cicerón —añadió, haciendo una pausapara ver si yo reconocía el nombre. No era así—. Y he venido a solicitar tus servicios — añadió— por recomendación de... Lo cogí del brazo, le puse el índice en los labios y lo hice entrar en casa. Al crudo invierno había seguido una sofocante primavera; a pesar de lo temprano de la hora, hacía demasiado calor para quedarse a la intemperie. Y también era demasiado temprano para escuchar la chácharade aquel joven esclavo, por muy melodiosa que fuera su voz. Una corona de tempestades me ceñía las sienes. Asomos de relámpago destellaban y se desvanecían junto al rabillo de mis ojos. —Dime, muchacho, ¿sabes de algún remedio contra la resaca? El joven Tirón me miró de soslayo, desconcertado por el cambio de tema y mi súbita familiaridad. —No, señor —dijo. Asentí. —¿Nunca has tenido resaca? Seruborizó ligeramente. —No, señor. —¿Tu amo no te permite probar el vino?

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sas... atroz. na.

—Naturalmente que sí. Pero, tal como dice mi amo, moderación en todas las coAsentí y se me escapó una mueca. El más leve movimiento me producía un dolor —Sí, sí, moderación en todo, excepto para mandarme un esclavo de buena maña-

—Perdona, señor. ¿Deseas que regrese un poco más tarde? —Sería unapérdida de tiempo, para ti y para mí. Y no digamos para tu amo. No, quédate, pero no entres en materia hasta que yo te lo diga y ven a desayunar conmigo al jardín, donde el aire es más fresco. Volví a cogerle del brazo, lo llevé a través del atrio, por un pasillo en sombras, hasta el peristilo, en el centro de la casa. Observé que enarcaba las cejas, sorprendido, aunque no estoy seguro de si fue...
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