Sedentarismo en las personas mayores de 65 años

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UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA

Lic. En Educación

Materia: Educación Comparada

“Historia del pueblito virtual”

Alumno: Patricia Sylvia Cardoso Torres

Octubre de 2010

¡Por fin!.Estaba decidido, ya lo habían hablado muchas veces. Habíansopesado el por y el contra, imaginado lo que sería, pero sobre todo el abuelo había insistido tanto, que finalmente habían tomado la decisión de dejar la capital para irse al “pueblo”, como le decían. Hugo no tenía mayor problema ya que trabajaba como dibujante para una editorial, por lo que en realidad podía trabajar en cualquier lugar y sólo tendría que desplazarse en el momento de sus entregas. Locual no le afectaba mucho ya que tendría que regresar al DF una vez al mes, dos a lo sumo. Verónica se dedicaba al hogar, no porque no quisiera trabajar, sino porque además de la casa deseaba ocuparse de lleno de sus pequeños hijos Samuel, de 7 años, y Ana de cinco.

Y cuando de repente se les ocurría pensar en todo lo que no tendrían en el “pueblo” en cuanto a distracciones, lugares deesparcimiento, etc. también se decían a sí mismos y lo comentaban entre ambos: tendrían la oportunidad de educar a sus hijos en un ambiente más sano, más limpio, más tranquilo que la gran metrópoli.

El abuelo, que desde que había enviudado había decidido regresar a su pueblo natal, les había ya preparado una casita de alquiler en las cercanías del centro del pueblo, para que tuvieran cerca la escuela,las tiendas de abarrotes, la farmacia, etc. Don Toño, el abuelo, a sus 80 años era un hombre muy fuerte aún, que amaba ese pueblo donde había nacido, crecido hasta los primeros años de su adolescencia y donde conocía a todos, o al menos a todos sus contemporáneos, ya que de más en más gente de la capital había venido a instalarse o bien había construido una casa de campo para venir los fines desemana.

Antes de su llegada, el abuelo ya había contado a todos que su hijo mayor vendría a vivir al pueblo con su familia. Noticia que agrado a todos los que lo conocían y apreciaban ya que pensaban que un hombre viejo debería tener al menos algún familiar cerca. Así es que desde que llegaron fueron muy bien recibidos. Sin embargo, el abuelo no quiso mudarse con ellos. “Ya me acostumbré a hacermis cosas solo”, decía. Y ambos respetaron su decisión.

Después de la mudanza y de terminar de instalarse en la pequeña casita que Don Toño les había conseguido, Verónica inscribió a Samuel en la primaria del pueblo y a Ana en el kinder que se encontraba a unos pasos de la iglesia. Y así, empezó su vida cotidiana sin mayores contratiempos. Con algunos cambios claro está, ya que ahora en vez deusar el coche para recoger a los niños, Verónica podía caminar en las calles empedradas del pueblo, saludando a la gente que la saludaba, que ella no conocía, pero que todos en el pueblo ya habían identificado como la nuera de Don Toño.

Era agradable, pues de alguna forma había una cierta familiaridad en el saludo y de repente ella se ponía a pensar en el anonimato de las personas que viven enuna gran ciudad. Además, había empezado a interactuar con algunas mamás que, como ella, esperaban a sus hijos a la salida de la escuela. Lo cual era impensable en la escuela adonde sus hijos iban en el DF, ya que debido al lío que era estacionarse, la mayoría de las mamás esperaba, al igual que ella, a sus hijos desde el auto.

Una de las cosas que más le agradaban era el puesto del mercado alaire libre todos los miércoles, donde ella podía regalarse con la mirada ante los puestos de fruta fresca, de verduras de todos los colores que comparaba a menudo con el departamento de frutas y verduras del supermercado al que iba en la capital.
¡Nada que ver! Aquí nada estaba empacado ni parecía congelado. Además, no faltaba nunca, que allí en el mercado, Verónica se topara con alguna de sus...
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