Sin dios

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Sin Dios
por Steven Weinberg

Un fantasma recorre el mundo anglosajón: el fantasma del ateísmo. Ejemplo de ello son estos dos ensayos: en uno, Steven Weinberg explora las ventajas del agnosticismo; en el otro, John Gray revisa críticamente algunos de los libros ateos que han invadido, durante los últimos años, las mesas de novedades.
En “El estudioso americano”, su célebre discurso de 1837ante la Sociedad Phi Beta Kappa, Ralph Waldo Emerson vaticinó que habría de llegar el día en que Estados Unidos pusiera fin a lo que él mismo llamara “nuestra larga labor como aprendices del saber de otras tierras”. Su predicción se cumplió en el siglo XX, y en ninguna otra área del saber más que en la ciencia. Esto, sin duda, habría complacido a Emerson. Cuando enlistaba a sus héroes, Emerson solíaincluir a Copérnico, Galileo y Newton junto a Sócrates, Jesús y Swedenborg. Pero creo que habría tenido sentimientos encontrados ante una de las consecuencias del avance de la ciencia en este país y en el extranjero: habernos conducido a un debilitamiento generalizado de las creencias religiosas.
Difícilmente podría calificarse a Emerson de ortodoxo: según Herman Melville, Emerson tenía laimpresión “que, de haber vivido en los días en que el mundo fue hecho, habría ofrecido algunas valiosas sugerencias”; aun así, durante algún tiempo se desempeñó como ministro unitario y, por lo general, le era posible hablar favorablemente del Todopoderoso. A Emerson lo afligía lo que ya en su propia época veía como un debilitamiento de las creencias –entendidas estas en contraposición a la merabeatería y asistencia a misa– en Estados Unidos y más aún en Inglaterra, aunque no podría afirmar que lo atribuyera al avance de la ciencia.
La idea del conflicto entre la ciencia y la religión es de larga estirpe. De acuerdo con Edward Gibbon, la Iglesia bizantina sostuvo que “el estudio de la naturaleza era el síntoma más certero de una mente descreída”. Quizá la descripción más conocida de esteconflicto sea un libro publicado en 1896 por el primer presidente de Cornell, Andrew Dickson White, bajo el título Una historia de la guerra entre la ciencia y la teología en la cristiandad.
En épocas recientes se ha suscitado una reacción contra el discurso de la guerra entre ciencia y religión. En 1986 Bruce Lindberg y Ronald Numbers –ambos renombrados historiadores de la ciencia– atacaron la “tesisdel conflicto” de White en un artículo que señalaba numerosas fallas en la erudición de este. La Fundación Templeton, por su parte, ofrece un jugoso premio a aquellos que argumenten que no existe un conflicto entre la ciencia y la religión. Algunos científicos adoptan esta línea de pensamiento en su deseo de proteger a la ciencia frente a los fundamentalistas religiosos. Stephen Jay Gould afirmóque no podía existir un conflicto entre la ciencia y la religión, dado que la primera se ocupa sólo de los hechos y la segunda sólo de los valores. Sin duda, no fue esta la postura mantenida en el pasado por los partidarios de la religión, y si muchos de quienes hoy se llaman religiosos concuerdan con Gould eso no constituye sino un signo del decaimiento de la creencia en lo sobrenatural.Concedamos que ciencia y religión no son incompatibles; después de todo, existen algunos (aunque no muchos) excelentes científicos como Charles Townes y Francis Collins que mantienen sólidas creencias religiosas. No obstante, pienso que entre la ciencia y la religión hay, si no una incompatibilidad, sí al menos lo que la filósofa Susan Haack ha denominado una “tensión”, tensión que ha ido debilitandopaulatinamente las creencias religiosas serias, especialmente en Occidente, donde la ciencia ha avanzado más. Quisiera bosquejar aquí algunas de las fuentes de esta tensión y, en seguida, ofrecer algunos comentarios sobre la muy difícil cuestión que plantea el consecuente declive de tales creencias: la cuestión de cómo será posible vivir sin Dios.
1.
No creo que la tensión entre ciencia y...
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